Por: Michelle Soto 27 febrero, 2013

Desde el 20 de octubre del 2012 al 15 de febrero del 2013, unas 35 tortugas baula ( Dermochelys coriacea ) anidaron en las playas del Parque Nacional Marino Las Baulas ubicado en Guanacaste.

Aunque el número de ellas es mucho menor que en otras temporadas de la década del 90, en los últimos años se mantiene relativamente estable.

¿Por qué es importante que una población se estabilice? “Necesitamos mantener un número determinado de tortugas que puedan venir a poner huevos para así producir la mayor cantidad de neonatos posibles; eso le daría un mejor pronóstico a la población en los próximos 10 y 15 años cuando esas tortugas alcancen la madurez sexual. Eso nos da esperanza para recuperarla”, explicó Rotney Piedra, investigador y administrador de esta área silvestre protegida.

En esta línea, un dato positivo es que el 40% de los quelonios anidaron por primera vez. “Esas fueron tortugas que nacieron en el parque nacional y ahora vuelven. Eso nos esperanza porque podríamos estar viendo el producto de los esfuerzos de conservación, el cual se ve reflejado en el porcentaje de reclutamiento (nuevos individuos que se suman a una población que anida)”, dijo Piedra.

Asimismo, esta temporada se contabilizaron 113 nidos en playa Grande y 37 nidos en playa Langosta. En promedio, cada nido tiene unos 66 huevos y el éxito de eclosión es de 50%; es decir, la mitad de los huevos nacen.

En peligro. Desde 1988, la cantidad de tortugas baula que llega a las playas Grande y Langosta disminuyó en un 97%.

Las que anidan actualmente son aquellas que sobrevivieron al saqueo intensivo de huevos que se dio en la década del 80. “Debido a esto, ahora estamos viendo las consecuencias de la baja productividad de neonatos”, dijo Piedra.

Ahora, el cambio climático podría estar alargando las remigraciones. Cada cuatro años, una tortuga migra para depositar sus huevos en la playa que la vio nacer.

Sin embargo, esta remigración podría extenderse hasta los siete años debido a que el fenómeno de El Niño tiene un impacto en la productividad de los océanos, por lo que hay menos alimento disponible para que los quelonios se preparen para realizar esta migración de 5.000 kilómetros desde los sitios de alimentación ubicados en Chile y Perú hasta las playas de anidación en Centroamérica.