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El equipo de don Roman

Actualizado el 23 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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Roman Abramovic se hizo inmensamente rico de la noche al día gracias a actividades ilícitas de especulación financiera en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La desintegración de la superpotencia comunista, perestroika mediante, le dio el margen necesario para que sus actividades fueran legitimadas por el nuevo régimen, que hasta lo invitó a su círculo de poder. Como dice el refrán popular: lo malo de las argollas es estar fuera.

Obscenamente millonario, a don Roman se le antoja comprar un equipo y escoge al Chelsea, un cuadro de una enorme tradición, como suelen ser los clubes ingleses, aunque con pergaminos muy añejos.

Billetera en mano, el magnate ruso tiró, en todo el sentido de la palabra, millones de euros para hacer de los azules un equipo decente y conquistar la Liga de Campeones de Europa (en la Premier ya hizo alguito).

Le llevó su tiempo el capricho a don Roman y fue hasta este año que se le cumplió el sueño europeo y lo hizo a lo grande: en la casa del Bayern Múnich, uno de los ilustres monarcas de la competencia, con nombres de leyenda en el imaginario futbolero.

El juego ante los muniqueses –celebrado en mayo pasado es toda una clase magistral de la celebérrima “táctica del murciélago”: los once colgados del travesaño. Fue el equipo más italiano sin ser italiano que se haya visto.

Roberto di Matteo, entrenador de los blues, se dejó el trofeo y no se puso rojo para nada.

Sin embargo, así como tiene la mano floja para “disparar” millones, don Roman tiene el gatillo fácil para despachar técnicos y a don Roberto no le dio el chance de llegar al Mundial de Clubes.

Lo hizo Rafa Benítez, pero el español falló en la final ante el Corinthians, la semana pasada y los azules se quedaron con las manos vacías.

Este es una buena oportunidad para ver este juego, ya que el domingo anterior muchos se lo deben haber perdido, pues fue en horas de la madrugada en este lado del mundo 1

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