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El engaño

Actualizado el 06 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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El engaño

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La mañana del domingo, todavía adormecido, busco a Isis entre las sábanas. La encuentro con los ojos prendidos del infinito, casi romántica. Larga y lacia, la cabellera es de un rojo cobrizo, color de discreta pasión. Es bella, no puedo negarlo, pero la mirada esquiva presagia una traición.

No me quiere. Lo ha dicho infinidad de veces. Tampoco la quiero yo. Es sencilla en el razonamiento y poco pulcra en la expresión. Comprensivo o quizá condescendiente, atribuí sus excesos a la torpeza de una juventud irredimible. Con todo, la creí sincera. Ahora conozco su pecado. Un amigo, entre copas, me lo reveló.

No quise creerlo, pero me engaña. Sin recato, lo admito y pregono. Verguenza debería darle a ella, pero no la creo capaz del mínimo pudor. No escribo por celos o despecho. Nada representa en mi vida. El desencanto es limitado. Ninguno, en realidad. Hoy la utilizo como divertimiento, mañana la olvidaré.

No me juzgue mal el lector. Ella se lo merece. Tampoco me compadezca. El engaño lo tengo bien merecido. La conocí por Internet y si alguna vez creí en ella, lo hice a pesar de tantas y tan ubicuas advertencias. El medio electrónico es terreno fértil para la impostura. A estas alturas no debí caer en la trampa, pero Isis parecía una persona de bien. Desorientada, sí, y primitiva en sus razonamientos, pero no por ello deshonesta.

Toleré su naturaleza voluble y en algún momento la creí decidida a dejarme por Julio Rodríguez. Coquetea hasta con Varguitas, hombre de bien –me consta–, pese a su condición de intelectual. Me engaña como lo hace con otros, incluido usted, querido lector. No me sorprendería si hoy mismo está en su lecho o donde quiera que usted lea la edición electrónica de La Nación.

Isis tiene inquietudes políticas. Las demuestra con inmadurez y cobardía. El bello rostro de su personalidad cibernética no le pertenece. Se lo usurpó a una actriz de la película X-Men, basada en un cómic. En el Registro Civil nadie tiene noticia de ella. No existe, pese a su constante presencia al pie de mis columnas, en el espacio destinado a comentarios.

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Se hace pasar por simpatizante del Partido Acción Ciudadana, quizá para causarle daño, convenciendo a los demás de que allí imperan la estulticia y la deshonestidad.

La foto a la cabeza de esta columna corresponde a su autor, por mucho que me desagrade admitirlo. Con ella y con mi firma asumo responsabilidad por cuanto digo, coincida usted con mi punto de vista o tenga usted el acierto de discrepar. Es, literalmente, dar la cara, opinar de frente, en ocasiones con error pero siempre con honestidad. Eso me aparta definitivamente de Isis, cuyo titiritero es, sin duda, de otra condición moral.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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