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Como enel fut

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Todos los años, a mediados de setiembre, hacemos con los amigos una inofensiva apuesta sobre la próxima adjudicación del Premio Nobel de literatura. Lo normal es que la perdamos, aunque unas pocas veces nos sonó la flauta, como en los casos de Kertész y de Saramago. Este último nos dio protagonismo en un episodio casi surrealista: poco después de anunciado el premio, en la antesala de un teatro josefino y en medio de un público que no entendía ni de la misa la media, una escritora costarricense nos increpaba porque habíamos apoyado ante la academia sueca al escritor portugués y no a ella, una compatriota. Fuimos, desde luego, los más azorados, porque nunca creímos que pudiera existir un mundo paralelo en el que los académicos suecos nos prestaran oído. Pero como dicen las mosquitas rubias, de todo hay en la “piña” del Señor.

En el verano de 2000, durante un viaje en autobús en el extranjero leíamos la versión francesa de la novela “La montaigne de l´Âme”, del escritor chino Gao Xingjian, y por un momento se nos ocurrió que, por la forma, la descripción de una escena que ocurría en la estación de autobuses en un remoto pueblo de China nos recordaba vagamente “Gentes y gentecillas”, de nuestro Carlos Luis Fallas. Probablemente lo habríamos olvidado de no haber sido porque pocas semanas después el Nobel de literatura recaía precisamente en Gao Xingjian, quien desde luego no figuraba en nuestra quiniela de aquel año. Esto me viene a la memoria ahora cuando de nuevo el Premio le ha tocado a un novelista chino, Mo Yan, de quien, por no haberlo leído hasta ahora, no podríamos dar una opinión. Han surgido comentarios que le atribuyen en esto, a la academia sueca, un gesto político de apaciguamiento frente a las furias del gobierno de China, pero siempre desconfiamos de esas explicaciones extraliterarias. En el caso reciente del poeta sueco Tomas Tranströmer, explicaciones similares cayeron en el descrédito una vez que circularon abundantes traducciones de su obra y su gran envergadura poética quedó, por decirlo así, al alcance de todo el mundo.

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Localmente, con la proclamación de este año sucedió algo curioso: uno de nuestros dómines de la crítica, al salir a encomiar la obra de Mo Yan por estar dedicada a la vida de los seres humanos más sencillos de su comunidad, incurrió en una típica contradicción de diletante, pues recientemente él mismo arremetía contra un autor costarricense achacándole un obsoleto provincianismo por haber escrito una serie de cuentos y una novela centrados en hechos que pudieron haber ocurrido solo en el seno de una comunidad guanacasteca.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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