Por: Andrea González Mesén 12 diciembre, 2012
 Don Alfonso y doña Carmen sufrieron un asalto. | LUIS NAVARRO.
Don Alfonso y doña Carmen sufrieron un asalto. | LUIS NAVARRO.

Carmen Jiménez, una mujer de 68 años, rezaba sus oraciones sentada en el sofá. Sus manos no dejaban de temblar debido al párkinson que padece desde hace varios años.

Su esposo, Alfonso Jiménez, de 71 años, salió a ver el atardecer a escasos 25 metros de su casa, en Cartago, donde viven solos. Aquella era una tarde de setiembre del 2011.

Las manos de doña Carmen dejaron de temblar como si su inseparable enfermedad no existiera. Un sujeto, con chaqueta negra, jeans y gorra, le apuntaba con una pistola en la cabeza, y le pedía joyas y dinero. Un segundo desconocido la llevó a su habitación, le cubrió el rostro y la vigiló mientras el otro saqueaba la casa.

No habían pasado más de cinco minutos cuando don Alfonso regresó. El portón de la casa estaba abierto y, al no ver sentada a su esposa en su sillón, pensó que habían llegado sus nietos. Pero se encontró con pantallas planas, equipo de sonido y otros artículos empacados en bolsas, listos para cambiar de dueño.

Un encapuchado salió de la cocina, le ató las manos con el cable del teléfono que arrancó, lo amordazó y lo llevó al cuarto donde estaba doña Carmen.

Los dos delincuentes huyeron con los bienes en un taxi que los recogió frente a la casa.

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