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Shalom

Actualizado el 26 de mayo de 2012 a las 12:00 am

La palabraapunta a la presencia de lo que la paz verdaderamente es

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“Shalom”, paz en hebreo, es una palabra familiar para personas que ni siquiera hablan ese idioma y también para miembros de diversas denominaciones religiosas. Shalom es, prácticamente, un término universal. ¿Es preciso interpretar su significado en forma restringida, como la mera ausencia de guerra? ¿O es posible que implique algo más? El examen del origen etimológico y la naturaleza de la palabra produce resultados complejos y profundos. Más que ausencia de guerra, la palabra apunta a la presencia de lo que la paz verdaderamente es.

Shalom tiene un origen linguístico semítico. Una de las características particulares de esas lenguas es su morfología discontinua: en lugar de que sus raíces sean sílabas completas o palabras, los vocablos están compuestos por tres consonantes aisladas, generalmente conocidas como “raíces-trilaterales”. Las palabras se forman llenando vocales entre las “letras-raíz”, siguiendo estructuras gramaticales preestablecidas.

La raíz de la palabra shalom es sh-l-m, que significa completo, estar entero, pleno. La idea de plenitud, aunque pudiese parecernos extraña en el uso actual de la palabra shalom , tenía en la antiguedad un significado y una intención profunda, reflejando el estado mental y el estado del alma.

El lenguaje es el principal elemento determinante de la percepción del mundo y el significado etimológico original de la palabra shalom contiene una visión holística que integra cuerpo y mente y percibe a los seres humanos como una parte integral de la biosfera. Los seres humanos, por lo tanto, no son percibidos como elementos dominantes sobre la naturaleza, sino como parte integral de un sistema en constante movimiento hacia el logro de equilibrio.

Originalmente, cuando se usaba la palabra shalom en la Biblia, indicaba la capacidad abarcadora de la condición humana. Cuando alguien era bendecido con tener paz –tener shalom – significaba un estado absoluto de equilibrio, un “estar completo”, con equilibrio entre el bienestar de la mente, el del corazón y el del alma. Hay sustento para esta afirmación en el hecho de que la palabra shalom era utilizada alternativamente para referirse a Dios. Es lo divino en el ser humano lo que aspira a una integración completa entre cuerpo y alma.

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Sin embargo, en el hebreo moderno hay un desplazamiento importante del significado de la palabra, que refleja profundo un cambio de actitud y percepción. Hoy, la palabra alcanza un significado tan mundano como “hola” o “adiós”, y su uso más prominente es para significar paz, como simple ausencia de guerra.

Este cambio refleja un giro en la cosmovisión de los judíos e israelíes modernos: la actitud prevaleciente ya no es de aspiración a un estado de equilibrio interno y externo, a la unificación de lo intelectual con lo físico. Es más simplista y superficial. Mantiene una perspectiva unidimensional de la existencia humana y su relación con el entorno.

Uno puede reflexionar sobre la situación actual en esa parte del mundo y preguntarse cómo este estado de ánimo y esa cosmovisión fragmentada y de separación, afectan al individuo. Es nuestra misión, como seres humanos, encontrar el camino hacia el significado original de la palabra shalom , el cual solo podemos aprehender cuando estamos completos, cuando somos capaces de comprometernos en relaciones profundas y significativas y cuando cada individuo es percibido como un ser íntegro. Solo cuando nos involucramos en relaciones valiosas somos capaces de comprender el origen de nuestras diferencias y conflictos para transformarlos en beneficio de nuestras comunidades. Si somos conscientes de que los conflictos son una manifestación de algún tipo de disfunción relacional, entenderemos también que han de ser resueltos mediante esos elementos relacionales.

Si somos lo suficientemente valientes para dar un paso atrás en relación con lo que nos es conocido, podríamos recobrar la perspectiva y reencontrar el lugar donde la paz recupera su origen completo; donde el conflicto puede ser descompuesto por medio de lentes que nos permitan ver a las personas y su capacidad de relacionarse e interactuar, y en donde la paz comienza desde adentro y crece hacia fuera, creando apacibles ondas de esperanza desde nosotros mismos hacia el mundo a nuestro alrededor.

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