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Las heridas del viento

Actualizado el 28 de junio de 2012 a las 12:00 am

Una obrade gran valor literarioy escénico

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Fue Mariano González quien, al encontrarnos en el Teatro Nacional durante el último concierto de la Sinfónica Nacional con una extraordinaria violinista (gracias a Andrés Sáenz por la recomendación) y un director costarricense, John Nelson, quien desde hace años dirige, pregonando orgullosamente su nacionalidad, en los más importantes escenarios del mundo, me habló de esta importante obra y me invitó a verla.

Las heridas del viento se ha presentado con mucho éxito en España, Grecia, Italia, Eslovaquia, Perú, Chile, Puerto Rica, Argentina, ahora en Costa Rica y en Nueva York, en donde fue candidata a cinco premios, incluyendo la mejor obra, de la Asociación de Cronistas del Espectáculo de esa ciudad. En una reciente entrevista, el autor, Juan Carlos Rubio, dijo: “Escribí esta obra en 1999. Quería dedicarle a mi padre una función, que fuera para él, porque los homenajes, los reencuentros, hay que hacerlos en vida. Pretendía hablar de la incomunicación, de que a veces culpamos a los demás, dar pinceladas sobre las angustias. También quería sacar a luz el tema de los amores equivocados, de la falsa idea de que no te puedes apartar de lo que no te conviene: nos duela o no, todos podemos evitarlo. Lo que no nos merecemos es estar toda la vida sufriendo y nos lo recuerda el personaje de Juan: háganme caso, nunca se enamoren de alguien que los desprecie.”

Es una obra profunda, importante, que toca, entre otros temas, la homosexualidad, tan de boga en estos momentos en que un diputado, increíblemente nombrado presidente de la Comisión de Derechos Humanos (¿cómo es posible que el Partido Liberación Nacional haya, por un voto, entregado este puesto a la persona menos indicada para ejercerlo?) considera que los homosexuales son enfermos que viven en el pecado eterno, como la mayor parte de las mujeres. Como los hombres heterosexuales son santos, no sé con quienes cometen el pecado las mujeres.

La obra es un drama, pero, al mismo tiempo, es una comedia. La noche que asistí, las risas brotaban constantemente de los espectadores con cada frase ingeniosa de Juan, magníficamente interpretado por Leonardo Perucci, quien ya nos tiene acostumbrados a las buenas actuaciones. Pero, al final, como si llegara de pronto la oscuridad de la noche, llega la tristeza por el amor perdido, por la incomprensión, por vivir vidas falsas, por no seguir los sentimientos, sino las convenciones sociales.

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La dirección de Mariano González es fluida y exacta. No trata de llevar a cabo innovaciones que, casi siempre, lo único que hacen es echar a perder una obra, sino, simplemente, dirige a los actores hasta lograr que el lenguaje poético se transforme en emociones y en realidades.

Las funciones continuarán de jueves a domingo hasta el 1.° de julio. Insto a todos mis lectores a no perderse esta obra de gran valor literario y escénico.

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