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Insanabile scribendis cacohethes

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Insanabile scribendis cacohethes

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Como en todas las personas, en los maniáticos, el cerebro es un manojo de nervios. La manía es una forma de la amnesia por la que alguien se olvida de todo, menos de una sola cosa: la manía, la obsesión, o la “idea fija”, como decimos en francés hablando en español.

‘Manía’ es la palabra griega que equivale a ‘locura’. Hay manías para todo, y hasta existe la obsesión de buscar manías en los demás, afección que se llama ‘psiquiatría’.

El loco manso de la escritura se denomina ‘grafómano’: quien sufre la manía de escribir. Tal entrañable orate puede abusar solamente de un género, como el epistolar, y entonces exige, adelantadas, sus reencarnaciones para amontonar tiempo y poder arrojarlo a la escritura de cartas que lanza como naipes (otras cartas). Al final, el epistolografómano ya no remite sus cartas pues ha descubierto que no enviarlas es la otra forma de hacer que los demás no las lean.

En estos días popmodernos, ha surgido la versión electrónica del grafómano de cartas, y es el surtidor de mensajes, el sujeto- spam de la electrosfera. Una forma más refinada (o sea, peor) es el dueño de un blog en el que cuenta todo lo que le sucede mientras le ocurre; es decir, nada, de manera que, en vez de vida, tiene autobiografía.

El grafómano también es personaje literario, y nos regala así la ironía de que el fanático de escribir da escritura a los demás; id est , causa una locura a la segunda potencia.

En Retrato de un joven malvado , una de sus autobiografías maniáticas y fascinantes, Paco Umbral dedica páginas al grafómano subliterario y a su “palomar de folios como una nevada de papel” (p. 153).

Si el grafómano se arroja a demoler abiertamente la literatura, adquiere un temible estilo: grasiento de ideas, seboso de verbo, y solamente nos queda entonces saltar sentados para bajar el colesterol de su lectura.

El menos cruel de los grafómanos es quien desecha publicar sus sobras completas; el peor es el que ansía compartir su felicidad con todos los mortales, quienes entonces nos alegramos de serlo.

En el libro Acerca de Minerva (p. 129), el médico Ruy Pérez Tamayo menciona la “insanabile scribendis cacohethes”, lo que ignoramos qué sea, pero se parece mucho a “manía incurable de escribir”, la enfermedad también llamada ‘hipergrafía’ o “síndrome de Geschwind”.

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La hipergrafía es un síntoma de una epilepsia causada por la exacerbación del lóbulo temporal derecho del cerebro. El hipergrafo es el grafómano liberado de vanidades literarias: es la pura y trágica manía de rasgar palabras hasta en las paredes. Al fin, todos escribimos demasiado si nadie nos lee, incluso quienes sufrimos la manía de no querer escribir jamás.

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