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Fines de los años 70

Contrapunto navideño

Actualizado el 23 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Fines de los años 70 Una revista del Sistema de Radio y Televisión fue una voz crítica

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Contrapunto navideño

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“¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Jua! ¡Jua! ¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! ¡Ja! ¡Ji!”: así ríe un rollizo y sarcástico Colacho desde la caricatura deKokín publicada en diciembre de 1978. Es el primer número navideño de Contrapunto , el periódico quincenal del Sistema Nacional de Radio y Televisión Cultural, creado para discutir asuntos de interés nacional y para contraponer criterios en la búsqueda de metas de bien común:

“La lucha contra el subdesarrollo ['] es también, en alto grado, una lucha contra patrones tradicionales de mentalidad y de comportamiento. Es aquí donde Contrapunto pretende intervenir positivamente en la vida nacional reforzando la acción educativa que emprenderán, en esta misma fecha, la Radio Nacional y la Televisora Cultural”, apunta el editorial del primer número, que circuló el 15 de setiembre de 1978. El último se publicó en 1990.

Reconociendo su valor, el periódico otorga un sitio privilegiado al humor gráfico. Las planas Variaciones de un mismo tema y Anecdotario nacional difunden la producción criolla.

A ellas se suman caricaturas en la portada y espacios donde se da a conocer a sus dibujantes y a las agrupaciones: La Pluma Sonriente (que ofrece su primer salón en 1981) y La Zarigueya (en 1988). Además, Contrapunto incluye notas sobre caricaturistas extranjeros.

Así, la publicación estimula a los dibujantes y contribuye a convertir el decenio en un momento muy fructífero y de esplendor de la caricatura nacional.

¿Navidad cristiana? En aquel diciembre de 1978, Kokín participa del arreglo de voces navideñas junto a tres colegas. Como en otros números, la sección debate temas actuales: de lo nacional a lo internacional, de las conmemoraciones patrias a los problemas cotidianos, de los festejos a la dura realidad.

A veces contrapuestas, algunas afines, las obras transitan entre lo liviano y lo desacralizador. A menudo, su mensaje es confrontativo, y su humor, negro.

Cáustica, la caricatura de Kokín recuerda que la niñez nacional sueña con regalos en la Nochebuena, independientemente de su condición socioeconómica: “¿Y de qué se ríe tanto?”, pregunta un transeúnte al otro: “¡De las cartas de los chiquitos pobres!”.

Con sus carcajadas y recostado sobre el saco de juguetes, el mítico personaje revela el absurdo de tales ilusiones, y realza el sentido mercantil de la fiesta religiosa y el olvido de los valores cristianos en la sociedad, personificados en la imagen de san Nicolás y en la actitud displicente de quienes dialogan.

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Otro de los dibujos refuerza el sueño-mito de los regalos de la festividad: tres chiquillos señalan un objeto volador no identificado: “Es un avión. / No, es un ave. / No, es Superman. / No, es un juguete”, aclara el tercero. Todos miran aquel objeto “inalcanzable” (como anota el titular) para muchos infantes. En el dibujo de Marino , el superhéroe no llegará a salvarlos.

A su vez, la caricatura de Díaz remarca las inequidades sociales y la falta de solidaridad humana y cristiana: en medio de la calle, dos niños indigentes juegan con una lata de sardinas arrastrada por dos sapos, mientras otro, arrastrado por su padre, los mira sujetando sus juguetes bajo el brazo. El dibujo contrapone ambos mundos: sus posesiones, posibilidades y derechos.

Con un enfoque político, pero enmarcado en el ámbito cristiano, la caricatura de W. Solo recrea el portal de Belén en sus tres figuras: José, María y el Niño. Un campesino expresa sus peticiones navideñas parodiando un conocido villancico: “Pastora, venid' Pastora, llegad' a librar al nica que oprimido está”.

Su canto denuncia la dictadura de Anastasio Somoza Debayle y los deseos de liberación del pueblo nicaraguense. Su clamor se dirige al comandante Edén Pastora, del Frente Sandinista de Liberación Nacional, protagonista en la toma del Palacio Nacional en agosto de 1978. Por ser la sede del Congreso, este episodio fortaleció la llamada Revolución Sandinista.

¿Navidad feliz? Obras de dibujantes conocidos y noveles frecuentan la sección: Jorge Chavarría ( Kokín ), William Solano ( W. Solo ), Hugo Díaz ( Lalo ), Alcides Méndez, Rodrigo Jiménez ( Yoyo ), Víctor Cartín ( Tin-Glao ), Rodolfo Stanley ( Fofi ), Roy Solís ( Roi ), Ferreol Murillo ( Ferrom ), Arcadio Esquivel, Osvaldo Salas ( Jano ), Miguel Marfán, Omar Valenzuela, Óscar Sierra ( Oskar , Oki ), Ronald Porras, Marvin Rodríguez, Marino ...

Las caricaturas dialogan entre sí entretejiendo sus mensajes navideños: la sustitución de la festividad cristiana por la temporada comercial, el aguinaldo volátil y el endeudamiento familiar, la especula-ción, el desempleo (incluido el de san Nicolás), el hambre de unos frente a las comilonas de otros, la basura, la contaminación, la deforestación, las costumbres, el alcoholismo, los robos, el vandalismo, los juguetes bélicos, la violencia familiar, la guerra en el mundo...

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En una mesa de tragos, un bebedor le dice a otro: “¿Sabes qué? Nosotros estamos desperdiciando la Navidad' La Navidad es para compartir'”. Al calor de la realidad, la pequeña historieta de Roi resuelve con sarcasmo la reflexión: “¡Cierto! ¡Cerveza para todos! ¡Yo invito!”.

De la mano de Méndez, los políticos retoman la tradición de la carta al Niño en la lucha partidaria para las elecciones presidenciales de 1982: “Niño Dios, te pido, todo sumiso, que no me serruchen tanto el piso [suplica Rodrigo Carazo, presidente de la República]. Por favor, niño Diosito: espero este chancecito! [implora Rodolfo Méndez Mata]. ¡Niño Dios, Niño Diosito: favorece al más chiquito! [ruega el joven Rafael Ángel Calderón Fournier]. Niño Dios del año entrante: ¡que nadie nos adelante ya que somos reincidentes en querer ser presidentes! [imploran los candidatos Luis Alberto Monge y Miguel Barzuna]. Aquí está Pepito el tortero, alborotador del ‘gallinero’”, remata el perrito mascota de Méndez en la viñeta final (diciembre de 1980).

Alejadas del estereotipado “¡Feliz Navidad!”, las caricaturas son una reflexión que busca intervenir en la mentalidad y el comportamiento de los habitantes en un país definido constitucionalmente como Estado católico, y autoconcebido como igualitario, democrático, pacífico y justo.

En los convulsos años 70, el estímulo a la vida cultural y educativa del país generó un lapso de esplendor en estas áreas. La creación del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes en 1970 y de otras instituciones culturales y educativas intentó resguardar la memoria y la identidad nacionales; rescatar y preservar el patrimonio histórico, artístico y cultural, e incentivar el folclor, la música y las artes: entre ellas, el humor gráfico.

Justamente, bajo el alero de las políticas culturales socialdemócratas, se dio espacio a las voces disidentes desde un periódico editado por el Estado. Entonces, desde imágenes humorísticas y distintas ideologías, se objetaron pensamientos y prácticas nacionales con independencia y responsabilidad. Así, el periódico quincenal Contrapunto procuró “coadyuvar en el régimen de libertades”, como él mismo señaló.

La autora ha publicado los libros ‘Historia del humor gráfico en Costa Rica’ (Editorial Milenio, 2008) y ‘Caricatura y prensa nacional’ (EUNA, 2002).

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