Por: Álvaro Murillo 6 septiembre, 2012

Eyleen se amamantaba aparentemente tranquila mientras decenas de socorristas, enfermeros y uniformes de todo tipo pasaban frente a ella y su mamá, Ileana, al costado oeste del hospital puntarense Monseñor Sanabria.

Eran casi las 10 a. m. y el temblor todavía tenía pálidos a muchos y sudando a los que trabajaban en el desalojo del hospital, por el peligro de un colapso total, como gritaba una enfermera frente a la pequeña Eyleen y su mamá.

Eyleen cumplía ayer seis días y pasó el terremoto en brazos de una enfermera cuyo nombre jamás sabrá. La mamá iba en un ascensor a buscarla a Neonatología cuando se activó la falla en Guanacaste y todo en el hospital se desordenó.

“Los tanques de oxígeno rodaban por el suelo. Vea el golpe en mi rodilla. Hasta ahora lo veo, porque en ese momento no pensaba en nada más que en llegar adonde estaba ella y salir a salvo”, contó la mamá, vestida con bata rosada y a la espera de una ambulancia que la llevara al Hospital San Juan de Dios para un legrado.

Sostenía a Eyleen sintiéndose dichosa y viendo a cada rato los resquebrajamientos en la pared oeste del hospital. Frente a ella, un desfile de sillas de ruedas, muletas, enfermeros, gente con sondas, de socorristas sudorosos y policías vigilantes. Y la bebé amamantándose tranquila.

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