Por: Vanessa Loaiza N. 12 abril, 2013

La presidenta Laura Chinchilla llegó a Alajuela para leer un discurso. Leyó, se fue y no escuchó.

Leyó un texto de siete minutos, a un lado de la escultura francesa del héroe nacional Juan Santamaría, en una plaza atípicamente vacía un 11 de abril.

La Fuerza Pública solo permitió el paso de una reducida representación del alumnado alajuelense, algunos ministros, un alcalde, dos diputados y la prensa. No ingresaron civiles que no tuvieran invitación. A la plaza le sobró sol, pero le faltó la gente.

Decenas de chiquitos rodearon el podio para estar cerca de la mandataria, pero ellos no le pusieron atención al discurso.

Tampoco lo hicieron los miembros de la Banda de Alajuela y los del Conservatorio Municipal de Alajuela. Ellos estaban más interesados en ver los empujones entre la Policía y los manifestantes a una cuadra de distancia, donde se instalaron las barricadas.

Los gritos llegaban hasta la plazoleta: “¡miedo, miedo, miedo!”, “filibustera”.

En menos de 40 minutos se había terminado el acto cívico. Contrario a la tradición, la presidenta no se quedó para ver los desfiles.

La prensa se abalanzó para tratar de obtener una reacción de la mandataria sobre las protestas, pero su cuerpo de seguridad recurrió a golpes y empujones, para impedir que periodistas se le acercaran.

A mitad de la plaza, Francisco Chacón, ministro de Comunicación, intentó calmar los ánimos.

Reiteradamente, insistió en que este año se siguió un protocolo para evitar que los niños resultaran afectados por la manifestación ciudadana contra la concesión de la carretera San José San - Ramón.

Chinchilla cruzó la calle y entró al Teatro Municipal, para un acto de la Universidad Técnica Nacional. 10 minutos después ingresó la prensa. Mientras los periodistas estaban frente al escenario esperándol, ella se retiró del lugar. No hubo declaraciones. Solo silencio.