La disputa Reinhart-Rogoff


        
        
      La canciller alemana, Ángela Merkel, es de las principales defensoras de la austeridad, pero   no inspiró su política en Reinhart y Rogoff. “Sus políticas reflejan creencias y valores sostenidos acérrimamente por los alemanes”. | AFP
La canciller alemana, Ángela Merkel, es de las principales defensoras de la austeridad, pero no inspiró su política en Reinhart y Rogoff. “Sus políticas reflejan creencias y valores sostenidos acérrimamente por los alemanes”. | AFP ampliar

Una pregunta apremiante en nuestros tiempos se refiere a la cantidad de deuda gubernamental que llega a ser excesiva. ¿Hay algún nivel de deuda que se vuelve aplastante en lugar de ser meramente costoso? La controversia suscitada por las investigaciones de los economistas Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff muestra qué explosivo puede ser el tema. Ellos sugirieron que una deuda que exceda el 90% de la economía del país (producto bruto interno o PIB) corresponde a una caída aguda del crecimiento económico. Pero su trabajo es ahora cuestionado por otros tres economistas, que dicen que Reinhart y Rogoff cometieron errores básicos que invalidan sus resultados.

Esa disputa, que normalmente hubiera quedado confinada a oscuras publicaciones académicas, ha asumido mayor visibilidad porque involucra el debate sobre los gastos del déficit. Un grupo de economistas y gobernantes sostiene que el déficit anual debe recortarse, porque está creando –o ya ha creado– niveles de deuda peligrosos. Otro grupo sostiene que se necesitan grandes déficits para propulsar recuperaciones más fuertes y reducir el enorme desempleo.

Se trata de la “austeridad” contra el “estímulo”. Si la deuda que excede el 90% del PIB es peligrosa, entonces la defensa de la austeridad parece más fuerte. (Muchos países ya exceden o se acercan a la marca del 90%). Si no, los gastos del déficit siguen siendo un posible incentivo temporario.

¿Cuál es la verdad? Aunque los errores descubiertos recientemente en el estudio del 2010 de Reinhart y Rogoff ( Crecimiento en una época de deuda ) son bochornosos, no alteran una de las conclusiones principales: la deuda alta y el crecimiento económico bajo a menudo van de la mano.

Examinemos el cuadro inferior (ubicado debajo de la fotografía, para el lector de La Nación ). Compara las tasas de crecimiento económico anual de 20 países avanzados, entre 1945 y 2009, con diversos niveles de deuda.

Los niveles de deuda-PIB figuran en la columna de la izquierda. Las dos columnas siguientes muestran las tasas de crecimiento económico anual estimado por Reinhart y Rogoff y después, por los economistas que los cuestionan de la Universidad de Massachusetts. (Son: Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin; Reinhart y Rogoff son de Harvard).

Tras volver a calcular los datos de Reinhart y Rogoff, los economistas de la Universidad de Massachusetts confirman que una deuda alta implica un crecimiento económico más bajo. En los niveles de deuda más altos, el crecimiento es la mitad de lo que es en los niveles de deuda más bajos. No se ha determinado si la deuda causa un crecimiento bajo o si refleja meramente una debilidad económica. Pero los economistas de la Universidad de Massachusetts echan por tierra la idea de que el crecimiento se derrumba cuando la deuda llega al 90% PIB.

Un problema con el estudio que hicieron Reinhart y Rogoff es el siguiente: un error de código excluyó cinco países –Australia, Austria, Bélgica, Canadá y Dinamarca– de los cálculos.

Aun así, estos modestos errores han inspirado ridículas acusaciones: “¿Destruyó un error de código de Excel las economías del mundo occidental?”, preguntó el economista Paul Krugman en su columna del New York Times . Bueno, no. El estudio Reinhart y Rogoff fue publicado en enero de 2010, más de un año después de la quiebra de Lehman Brothers y el inicio de la crisis financiera. En aquel momento, todos los ingredientes de la crisis de la deuda europea (burbujas de la vivienda en España e Irlanda, enorme déficit presupuestario en Grecia, bancos débiles en todo el continente) ya estaban presentes.

Sin efectos. “¿Cuánto desempleo fue causado por el error aritmético de Reinhart y Rogoff? Esa es la pregunta que millones se harán”, sugiere Dean Baker del Center for Economic and Policy Research, un centro de investigaciones de tendencia de izquierda. En realidad, millones no harán esa pregunta y la respuesta es: probablemente ninguno. La historia podrá juzgar o no la austeridad de Europa como un error, pero la canciller alemana, Ángela Merkel –su principal defensora– no inspiró su política en Reinhart y Rogoff. Sus políticas reflejan creencias y valores sostenidos acérrimamente por los alemanes.

Algo similar puede decirse del primer ministro británico, David Cameron. Asumió el poder en mayo del 2010, cuando el estudio Reinhart y Rogoff aún disfrutaba de una normal oscuridad académica. La decisión de Cameron de realizar profundos recortes en los enormes déficits presupuestarios de Reino Unido, que en aquel momento representaban un 10% del PIB, fueron controvertidos. Como mucho, Reinhart y Rogoff proporcionó una cobertura intelectual para políticas que, de todas formas, hubieran tenido lugar.

La imputación de que Reinhart y Rogoff fabricaron sus cifras para apoyar una posición preconcebida se contradice por su estudio del 2012 ( Public Debt Overhangs: Advanced-Economy Episodes Since 1800 ), donde se mostró que los resultados varían por país y que la ralentización en el nivel deuda-PIB del 90% fue, generalmente, más gradual.

En cuanto a una “austeridad” norteamericana, prácticamente no ha existido. Aunque en disminución, los déficits presupuestarios siguen siendo grandes y la política monetaria de la Reserva Federal sigue flexible.

Lo que es aleccionador sobre la disputa es que no ha aclarado nada. Con algunas excepciones, los países más avanzados –entre ellos, Estados Unidos– parecen estar atrapados en una trampa similar. Sus proporciones deuda-PIB se están elevando; por tanto es difícil adoptar programas masivos de estímulo financiados por el déficit.

Sinembargo, los programas de austeridad, con recortes de gastos y aumentos fiscales, pueden sofocar el crecimiento y elevar la proporción deuda-PIB. No existe salida obvia para este dilema excepto una explosión de crecimiento espontáneo, que es notable por su ausencia.

Robert Samuelson inició su carrera como periodista de negocios en “The Washington Post’” en 1969. Además ha sido reportero y columnista de prestigiosas revistas como “Newsweek” y “National Journal”.

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