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60 años después, el ADN es el gran detector de mentiras

Actualizado el 25 de abril de 2013 a las 12:00 am

Genoma humano también cumple una década de ser mapeado

Científicos nacionales aplican conocimiento del ADN en su día a día

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60 años después, el ADN es el gran detector de mentiras

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Hoy hace sesenta años, la revista Nature plasmó en sus páginas dos artículos científicos que cambiaron la historia para siempre.

Estos dieron las primeras pistas sobre el ADN, la molécula de la vida, llamada así porque la compartimos todos los seres vivos: desde las bacterias, plantas e insectos hasta los seres humanos.

Todo empezó el 25 de abril del 1953, cuando James Watson (quien visitó el país en febrero del 2011), Francis Crick, Rosalind Franklin y Maurice Wilkins describieron la estructura del ácido desoxirribonucleico o ADN.

Años después de esa publicación, científicos de varios países anunciaban que el Proyecto Genoma Humano había sido completado, y los 25.000 genes del ADN habían sido identificados de manera física y funcional.

Esta información se usa hoy para miles de fines, entre ellos, pruebas de identidad que ayudan a resolver crímenes, así como pruebas de paternidad irrefutables. Se utiliza, además, para identificar los mejores tratamientos contra enfermedades comunes y raras, detectar riesgos de una persona de desarrollar males (información que usan las aseguradoras y hasta los empleadores) y derribar prejuicios (como los relacionados con etnias e inclinaciones sexuales), usando fundamentos científicos.

Por eso, algunos llaman al ADN “el gran detector de mentiras”.

¿Cómo es el ADN? Imagine una escalera sencilla, pero enrollada sobre un eje. A los lados, cada larguero está hecho de azúcares y moléculas de fosfato; los peldaños, divididos por la mitad, son pares de bases químicas. Estas bases forman grupos que se conocen como genes.

Esa estructura, simple y elegante, contiene dentro de sí toda la información genética de cada quien.

En el caso de los seres humanos, alrededor de 3.000 millones de bases guardan nuestra información, conformando el genoma humano.

Toda esa información, que determina su altura, color de cabello y piel, y hasta su propensión a ciertas enfermedades, equivale a tres gigabytes de datos y puede ser contenida en unas gotas transparentes, dentro de un tubo de ensayo.

El doctor costarricense Carlos Santamaría trabaja con cientos de esos tubos en el Laboratorio de Diagnóstico Molecular, en el Hospital de Niños. Para él, el descubrimiento de la estructura del ADN fue clave en el desarrollo de la ciencia. “Desde el punto de vista médico, fue un cambio completo y absoluto, porque se entendió cuál era el componente fundamental de cada célula del ser humano; que había un código, muy clarito y preciso, basado en cuatro letras (C, A, G y T, que representan las bases químicas del ADN), que te definía”, explica el microbiólogo, ganador del Premio Nacional de Ciencia 2011.

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Junto a un equipo de trabajo, Santamaría analiza muestras de ADN de pacientes que sufren de leucemia, para brindar tratamientos personalizados. Esto lo logran identificando “marcadores moleculares” de la muestra; es decir, segmentos del ADN con una ubicación específica.

Más aplicaciones. Desde que la teoría de Watson y Crick y las primeras imágenes de rayos X del ADN esclarecieron su estructura, la ciencia ha topado con todo tipo de descubrimientos y aplicaciones. Por ejemplo, ¿se imagina guardar sus archivos digitales en unas gotas de ADN? En enero de este 2013, científicos ingleses lo lograron. Ellos almacenaron desde el audio del famoso discurso “Yo tengo un sueño”, de Martin Luther King Jr., hasta fotografías y el artículo científico del ADN de Watson y Crick, dentro de la molécula de ADN.

La secuenciación del genoma humano permitió, además, avances importantes en el campo de la medicina personalizada y el estudio de la evolución del hombre.

“A partir de ahí ha venido una ola de mejoramiento en los diagnósticos, tratamientos, el pronóstico y el seguimiento del paciente. Ha sido un cambio dramático”, opina Santamaría.

Hoy también sabemos que existe más variación genética entre personas de una misma etnia que entre personas de dos etnias.

Ramiro Barrantes, experto tico en genética de poblaciones, tiene algo muy en claro sobre este hecho: “Toda aquella cuestión de que el costarricense es un hombre blanco: eso es ‘pura paja’. El ADN ha demostrado que eso no es así”.

Su trabajo ha servido para hacer un mapa del origen de distintas enfermedades genéticas en Costa Rica, y conocer cómo se dio la mezcla étnica que creó la población.

Los expertos coinciden en que, aun con todas estas aplicaciones, apenas se ha logrado excavar la superficie de lo que esconde la molécula de la vida. ¿Cómo cambiaría el mundo, si los seres humanos entendieran que comparten más del 99.99% de su ADN?, reflexionan.

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