Archivo

La democracia no se tambalea

Actualizado el 26 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Tampoco se ha golpeado la independencia del Poder Judicial

Archivo

La democracia no se tambalea

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

De lo que ha sucedido en la política nacional durante los últimos días: 1. La Asamblea Legislativa resolvió rechazar la reelección del magistrado Fernando Cruz. Reelegir ha sido costumbre, pero no es obligación; 2. La Corte Suprema de Justicia –en resolución que posiblemente no tenga precedentes– ordena la publicación del discurso pronunciado por su presidente en Sesión de Corte Plena, quien denuncia que se atenta contra la gobernabilidad del país; que es una clara amenaza a la independencia judicial y a los cimientos de la democracia; que en vez de censurar y amenazar, el Parlamento y la clase política deberían discutir con seriedad, con el fin de hacer viable la materialización de nuestro proyecto ideológico; que denuncia lo sucedido como ultraje cometido por fuerzas oscuras que buscan magistrados alineados; y, finalmente, pide a los diputados que rectifiquen pues están enterrando a la patria; 3. Que con tono parecido se han pronunciado sectores representativos de nuestra sociedad, como periodistas, universidades y comentaristas diversos; 4. Que el presidente de la Asamblea Legislativa, razonadamente, presentó a consideración de los diputados una moción para rectificar, que fue rechazada.

Hace muchos años, estando de visita en casa amiga presencié una larga discusión sin acuerdo alguno. Un niño de cuatro años que estaba presente, fue donde su madre y le dijo: “En la sala hay un gran ‘endredo’”. Y eso, es lo que ha sucedido en estos días. Una mayoría se ha confundido, algunos, presentando comedia, otros, dramatizando lo actuado. Pienso que aquí no se ha golpeado la independencia del Poder Judicial, ni se han tambaleado los cimientos de la democracia, ni se ha puesto en peligro el proyecto político ideológico que hemos aceptado los costarricenses, y menos, es posible sostener que se está enterrando la patria. Lo que dijo Luis Paulio Mora fue un discurso político, no el conceptual parecer de un juez superior. Aclaro que no es rechazable este proceder, simplemente se ha puesto de manifiesto que el Poder Judicial es parte de la democracia y tiene voz política que ha de usar cuando sea necesario.

Manifestar disgusto por sentencias o resoluciones de los magistrados, no es un atentado contra la patria ni contra la independencia del Poder Judicial, es un derecho. Además, los diputados, al no reelegir a un magistrado, no están cometiendo acto ilegal alguno, simplemente han roto una costumbre. Lo resuelto por los diputados fue legal a pesar de ser un disparate.

PUBLICIDAD

Con un Gobierno acorralado por la crítica adversa permanente, sus diputados se dan el lujo de agregarle un escándalo mayor de antología. Y, como todo esto es contagioso, hasta un honorable y culto juez como el presidente de la Corte Suprema, que siempre dio muestras de concierto y sosiego, cayó en la trampa, anunciando el fin de nuestro mundo democrático.

Para colmo de desaciertos, la Asamblea Legislativa, ignorando lo que debería saber, en vez de resolver el caso según sus propias facultades, traslada la solución a la Sala Cuarta, renunciando otra vez a su poder soberano. Esto sí es grave. Aquí no hay crisis institucional, pero si de inteligencia política.

La crisis comenzó cuando los diputados le dieron facultades legislativas al juez.

En definitiva, se trata de un pronunciamiento político, dado por una asamblea política y debe analizarse desde un punto de vista político. El nombramiento o destitución de un magistrado es un acto político, matizado con todo lo que la política tiene.

Lo demás es engañarnos jugando a elegir a los neutros, a los indefinidos, a los que carecen de ideologías, valores y principios. Al juez se le debe exigir capacidad e independencia para actuar en su campo de acción que es la sentencia; pero es atentar contra su propia dignidad exigirle neutralidad política como ciudadano y como demócrata.

En conclusión, el “endredo” fue general. Solamente hubo un hombre –y me quedo con este término– que pudo mantener la ecuanimidad y la serena inteligencia en su expresión y que fue el único a quien le hubiéramos perdonado extravagancias, errores y expresiones fuera de tono, cabalmente, por ser la víctima: Fernando Cruz Castro. Sin insultar, fuera del dramatismo o la demagogia, con serenidad y parca elocuencia dijo: “Los diputados actuaron respetando las reglas; si creyeron que debían destituirme, no los juzgo ni los condeno. Están en su derecho”. Verdadera lección de un juez.

  • Comparta este artículo
Archivo

La democracia no se tambalea

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota