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En defensa de Paul Watson

Actualizado el 08 de junio de 2012 a las 12:00 am

La lucha infatigable de Paul Watson merece nuestro respeto y gratitud

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En el verano de 2010 conocí el importante trabajo conservacionista llevado a cabo por el capitán Paul Watson ya que tuve el honor de compartir con él una importante distinción otorgada por la Asociación de Amigos del Museo de Anclas de la localidad asturiana de Salinas, que quería reconocer mi trabajo como novelista rescatando la memoria de un naufragio ocurrido en 1916, y el de Paul Watson, al frente de la organización “Sea Shepherd” en defensa de la fauna marina.

Desde muy joven he sentido muy viva la fascinación por el mar y por sus gentes y siempre que he podido, incluso en el terreno profesional –soy periodista y escritor– he tratado de contagiar esta seducción a mis semejantes. Hace bastantes años que trabajo investigando diversos naufragios con el fin de escribir algunos libros y en este tiempo me he enamorado, mucho más si cabe, de los océanos y de los mares, de las gentes que los han convertido en sus morada casi permanente y, sobre todo, de las ballenas, los tiburones, los delfines, las focas y todos los seres vivos que los pueblan.

Por eso me gustaría levantar una lanza a favor del capitán Watson en un momento dificil para él y su gente de la organización, y cuya suerte está en manos de un tribunal de justicia de Costa Rica que pide su inmediata extradición para juzgarle y quizás condenarle. Se le acusa de interferir varias operaciones de pesca de tiburones con el fin de comercializar sus aletas para el condimento de sopas.

Admiro profundamente Costa Rica y a sus gentes, entrañables y hospitalarias, así como su ingente y continuada labor a favor de la defensa integral de la flora y la fauna que vive, crece y se conserva en sus extraordinarios parques naturales o en sus fondos marinos. Y reconozco que es uno de los paises que más esfuerzos realiza para la defensa de la naturaleza y los seres vivos que la pueblan.

Por eso no puedo llegar a entender que alguien en ese hermoso país pueda considerar delictiva la actividad conservacionista de Paul Watson, que no pretende otra cosa que preservar la vida de los tiburones, amenazados, una vez más, por los pescadores que comercian ilegalmente con sus aletas.

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Al recibir nuestros galardones, allá en Asturias, rendimos un particular homenaje a Philippe Costeau, cuyo nombre lleva aquel Museo de Anclas reconocido de interés cultural por Unesco.

Y ahora, como aquel día, al recordar a la familia Costeau, aquella saga de personajes universales dignos del mejor ejemplo y que propagaron el más bello mensaje de amor por la defensa de los océanos, pienso en todos aquellos que a lo largo de la historia reciente han protagonizado legendarias, difíciles e incluso peligrosas campañas denunciando los vertidos, la contaminación de los mares, y el incumplimiento de las leyes que protegen la vida marina en todo el mundo.

Uno de ellos es Paul Watson, cuya lucha infatigable y su espíritu conservacionista merecen nuestro aliento, nuestro respeto y gratitud. El compromiso del capitán por la defensa de la vida en los mares y océanos debe ser también nuestro propio compromiso.

Ojalá los tribunales de justicia sean capaces de reconocer que no se puede condenar a alguien cuyo único delito es promover campañas para proteger la vida.

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