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El “deber ser” de la Contraloría General

Actualizado el 18 de abril de 2012 a las 12:00 am

La Contraloría debe detectar la corrupción y ser implacable con ella

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El “deber ser” de la Contraloría General

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La Contraloría debe ser el “Guardián del Tesoro de la Polis”, como un actor más dentro de un sistema político que controla el poder, mediante “frenos y contrapesos”. Es un órgano de control legislativo. No es determinativo, y menos aún ejecutivo. Así de simple. Así de complicado.

El deber ser del Estado –su deontología– está en nuestra Constitución. Ahí está la sociedad que somos; y también la que queremos ser: qué pensamos de los puertos, qué entendemos por vida humana, cómo concebimos la familia, cómo y quién nos va a proteger, quién se hará cargo de la salud pública e individual, cómo vamos a proteger a las personas en riesgo, etc.

Como la Constitución se ocupa de generalidades, se hace necesario un órgano que sí es determinativo –la Asamblea Legislativa– para que desagregue y nos explique mejor, mediante leyes, los alcances de esos objetivos estratégicos que perseguimos como sociedad.

También tenemos la Jurisdicción Constitucional, que interpreta “el espíritu de la ley”, emanada desde el órgano determinativo, constituyente y legislativo. Finalmente, el Poder Ejecutivo toma esas normas deontológicas y se ocupa de alcanzarlas, para intentar lograr el mayor beneficio social posible, de la forma más eficiente.

Conocimiento político. Dada esa estructura de poder, primero que nada la Contraloría debe tener un gran conocimiento político del Estado, en el sentido más griego de la palabra. Debe conocer la Constitución, sus alcances, lo que dice, lo que calla, lo que regula expresamente, y lo que deja por la libre. Este conocimiento es vital, porque de ahí surgirán los estándares de ejecución con que se ha de medir a los responsables de alcanzar los objetivos señalados en nuestro Contrato Social. El mismo razonamiento es válido para aquellas leyes o normas que desagregan y explican mejor la Constitución.

Con ese conocimiento en su poder, la Contraloría debe medir los resultados obtenidos por el Estado, en aquellas actividades que ha realizado para intentar alcanzar los objetivos sociales ya referidos. La aplicación de una simple fórmula (Estándar – Resultado > Variación) le permitirá a la Contraloría iniciar el análisis de aquellas variaciones significativas entre lo deseado y lo alcanzado. Esa es la primera actividad vital de la Contraloría: detectar lo que se está alcanzando, y lo que está pendiente, según fue ordenado por la Constitución y la Ley.

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Es vital que la Contraloría informe a todos los elementos sociales y políticos, de forma rápida y oportuna, de todo lo que encuentre y que perjudique o beneficie los fines sociales, muy especialmente a la Asamblea Legislativa, de quién es su auxiliar en la fiscalización de la Hacienda Pública, porque al final es esa Asamblea la que hace el control político destinado a asegurarse que se alcancen esos objetivos sociales.

El segundo ámbito de acción es medir, ya no los resultados, sino la eficiencia con que se hacen las cosas. Puede ser que se estén logrando los objetivos, pero con desperdicio, ya sea humano, financiero, material o temporal. De esto se deriva una tercera actividad, no menos importante, que se produce al mezclar las dos anteriores (resultados + eficiencia): asegurarse de que se está haciendo, correctamente, las cosas correctas.

Lucha contra corrupción. Cubiertos estos tres puntos, pasamos al cuarto: la detección y supresión de la corrupción. Esta tiene infinidad de facetas, pero en el fondo son lo mismo: la descomposición del aparato estatal, que se aparta de sus objetivos, para empezar a responder a intereses particulares. Sus causas son infinitas: avaricia, ambiciones inconfesables, descomposición moral. Sin importar qué origina la corrupción, la Contraloría debe detectarla y ser implacable ante ella.

Esta labor técnica, que está matizada con ribetes filosóficos, éticos y espirituales, ha adquirido gran trascendencia, porque del éxito de esa lucha depende en gran parte la supervivencia de nuestro sistema de vida, tal y como lo conocemos. La corrupción jugó un papel vital en la caída de Roma y de todas aquellas sociedades que hayan puesto precio a sus creencias y valores. Lo vemos hoy en día en Estados en que no fue detenida a tiempo, y cómo ha marcado trágicamente la vida de Colombia, México y Guatemala, entre otros.

De esta manera, la Contraloría da vida a la razón de ser de su existencia: la protección de los fondos públicos y el aseguramiento a toda la sociedad, de que se usan correctamente, en los fines correctos.

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