Niña maravillosa Con el agua al cuello

Por: William Venegas 18 febrero, 2013

A las pocas imágenes, uno sabe que se está ante una película dura como redoble de tambor; pero, a la vez, cargada de inquietante poesía, como si estuviéramos leyendo a César Vallejo con toda su fuerza lírica: “Hay golpes en la vida'”. De una vez lo digo: la película Una niña maravillosa (2012) es extraordinaria, además de igualmente maravillosa.

Llamada en otros países Bestias del sur salvaje , de manera más atinada, estamos ante la primera película de un director de apenas 31 años: Ben Zeitlin, nacido en Manhattan. No sé si será muy pronto para decirlo, pero este realizador parece nacido con el don de cineasta.

Muy claro con su trabajo, Zeitlin renuncia a hacer una película al uso de Hollywood. Su filme no es convencional, para nada. No lo es ni con su propuesta visual, intensa y cercana, ni con su guion literario, coescrito por el propio Zeitlin con Lucy Alibar, autora de la pieza dramática en un acto que le da sustento al guion.

Con mirada propia del realismo naturalista, el filme observa la realidad desde sus llagas sociales. Así, esta cinta aquilata un lenguaje que oscila entre el pesimismo y el optimismo, que proclama la defensa de la armonía universal, armonía rota por la torpeza humana y amenazada por los deshielos polares, por las bestias de corazón duro, heraldos negros que abren zanjas oscuras en los lomos más fuertes (al decir del poeta Vallejo).

La denuncia social también se cuela de manera sutil, con estilo inteligente, dentro de la historia de sujetos que sobreviven en un inmenso pantano, comunidad “bayou”, al margen de la historia social, a la cual quiere pertenecer Hushpuppy, niña que se afana por sentir el corazón de la Naturaleza y de quienes la rodean.

Es cine-arte, capaz de encontrar la belleza plástica con su búsqueda formal, que arriesga con los conceptos e ideas en medio de su impecable narración, cuyos diálogos son hitos tan hermosos como inteligentes, de no olvidarlos por su esencia. A su vez, música y fotografía se comportan a la noble altura del inquietante argumento.

Las actuaciones son extraordinarias y es perdurable la de la niña Quvenzhané Wallis como Hushpuppy (con apenas seis años durante el rodaje). En fin, Una niña maravillosa es película para ver una y otra vez, para absorberla en lo general y en sus detalles, para vivirla desde su autenticidad. No se la pierdan por nada del mundo.

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