Archivo

El costarricense no sabe escribir

Actualizado el 04 de junio de 2011 a las 12:00 am

Archivo

El costarricense no sabe escribir

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El milagro/porquería de Internet (porque, como todo lo que el hombre ha creado, hasta ahora ha probado ser ambas cosas) está transformando la ortografía, sobre todo entre la juventud, usuaria por excelencia de esta tecnología. En español ya no se usa el signo de apertura de interrogación y de exclamación: “¿” y “¡” están muertos. Ahora escribimos a la inglesa o la francesa, usando solo los signos finales.

La preposición “por” se ha convertido, en una especie de grotesca taquigrafía, en “x”. La conjunción exclamativa, interrogativa o relativa “que” es ahora “q”. La palabra “café” se ha contraído a kf. La expresión “por favor” en “pf”. Y el cuentito ese de que “disculpá, pero no sé adónde van las tildes en esta computadora”, que en realidad significa: nunca aprendí las malditas reglas sobre los acentos diacríticos de la lengua española”. Afuera van las mayúsculas. Y las refinadas, exquisitas sutilezas de la puntuación. ¿Cuántos estudiantes de nuestra secundaria pueden determinar la diferencia entre una “,” y un “;”? Tal parece que por mera incultura el segundo signo está destinado a desaparecer a corto plazo: ¡nadie sabe para qué sirve!

Para la expresión “está bien” se utiliza “está bn”; para “está mal”: “está ml”.

Reglas para tontos. El proceso es inexorable. Es ya una cuestión de tiempo antes de que las nuevas reglas ortográficas –todas supresivas, económicas, determinadas por la pereza mental y la necesidad de simplificar las cosas para los imbéciles– se erijan en nueva normativa.

Y tal vez el peor de todos estos nuevos manierismos: en un gringuismo irritante, la gente se habla de “you” en lugar de “usted”, pero lo escriben “u”, porque el sonido de la sílaba en inglés es idéntico al pronombre “you”.

Costa Rica es un país que no lee. Peor aún: que no lee porque no sabe leer. El costarricense no sabe distinguir un género de otro, leer observando una puntuación dada, decantar de un texto su tesis básica y sus ideas secundarias. Reconocer la tesis principal y jerarquizarla con respecto a las ideas subsidiarias. Entender que un ejemplo es un elemento adlátere del discurso y no el planteamiento de base de un texto.

PUBLICIDAD

La función argumentativa del idioma en el ensayo y la polémica, la función descriptiva y narrativa en la prosa, su propiedad eufónica, polisémica, paronomástica, casi hipnótica en la poesía. La ironía como arma argumentativa le escapa completamente. A guisa de humor, es capaz únicamente de la más chata literalidad. No comprende lo que Rabelais llamaba “el sentido segundo” de un texto.

Escritura y lectura. Pero ¿qué hay de sorprendente en el hecho de que un pueblo que no sepa leer no sepa tampoco escribir? ¡Se aprende a escribir leyendo, señoras y señores: no hay otro método! ¡Qué lástima, esa novel generación de jovenzuelos, enajenados, descerebrados, aferrados maniáticamente a sus play station, o haciendo de mala gana una tarea académica, en la cual la máquina les corrige los errores de ortografía, de modo que “la lógica ortográfica”, el “porqué” ortográfico nunca es asimilado por el estudiante.

Bien documentadas están ya varias formas de patología mental que consisten en insidiosas forma de adicción cibernética.

Y esta especie de taquigrafía, de escriturita “apresurada”, de falta de formalidad, huelen también a pachuquería y a falta de respeto: por el lector y por esta bella lengua de que somos custodios. Según ellos esto es muy “cool”. ¡Y Dios guarde señalarlo (cosa que de todas formas voy a hacer en todo medio que tenga a mi disposición), porque se hace uno llamar dinosaurio, elitista, retrógrado!

¿Significa esto que soy un conservador? Y si así fuera, ¿desde cuándo es esta una mala palabra? Sí: un hierofante que cuida las puertas del templo, la suma de grandes valores culturales que recibimos de nuestros ancestros. No todos ellos merecen ser preservados, pero hay otros que deberíamos atesorar. Heidegger decía que era la lengua la que le confería identidad cultural a una comunidad dada. Pronto no sabremos ni quiénes diantres somos.

  • Comparta este artículo
Archivo

El costarricense no sabe escribir

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota