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Un corcel brioso y desbocado

Actualizado el 17 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Un corcel brioso y desbocado

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Para unos, es un rebelde insobornable. Para otros, un arrogante. Como sea, lo que sí es un hecho irrefutable es que el astro del celuloide es un desbocado que no se calla lo que piensa a ningún precio: lo mismo lanza una bazuca verbal contra el gobierno de su país que contra el star system del propio Hollywood, especialmente cuando habla de los actores de la nueva generación.

El californiano, de 52 años, se ha agigantado en los últimos lustros tanto por sus interpretaciones espectaculares (solo pensar en su desgarrador papel en Río Místico, que le valió su primer Óscar, enchina la piel) como por su creciente incursión en causas humanitarias del mundo y en su íntimo ligamen con los líderes socialistas del continente, como Fidel Castro, Evo Morales, José Mujica y, por supuesto, su amigo del alma, Hugo Chávez, cuya muerte lo entristeció profundamente, según lo proclamó.

Consecuente hasta el final, no bien el mundo conoció la noticia de la muerte del presidente venezolano cuando Penn tomó el avión y se fue a Caracas para asistir al funeral de Chávez.

Su presencia es tan imponente, dijeron algunos medios venezolanos, que la Academia Militar (donde se realizó el maratónico velatorio) se sentía reconfortado con él ahí, departiendo íntimamente con los allegados del fallecido mandatario.

Penn es un hombre extraño. Aunque muchos lo tildan de arrogante, él tampoco tiene remilgos para desnudar su alma hasta con detalles personales que lo ponen en una posición de vulnerabilidad, como cuando confesó que recién después de divorciarse (estuvo casado 14 años con la también actriz Robin Wright) se percató de que jamás se había sentido amado.

Ese vacío interno pareciera haberse convertido en el motor que lo impulsa a estar entre los primeros cuando se trata de ayudar a los pobres, a víctimas de tragedias y, también, a amigos caídos en desgracia.

Las imágenes de Penn en un pequeño bote, navegando por una Nueva Orleans destruida e inundada por el Katrina (2005), en pos de llevar agua, alimento y hasta de salvar a gente atrapada en los techos, es imborrable. Un sector de la prensa rosa amarillista, a la que Penn tanto odia, no tardó en hacer guasa de aquel gesto, pues según se dijo, el actor solo buscaba protagonismo.

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No se conoció reacción alguna del actor ante la sorna de quienes estaban juzgándolo desde sus trincheras llenas de lujos primermundistas. Penn, por supuesto, estaba demasiado ocupado, y también demasiado desgarrado, ante todo el sufrimiento ajeno con el que se enfrentó solo porque quiso. Porque él es así.

Cinco años después, en enero del 2010, no hubo quién se atreviera a banalizar las intenciones del californiano, quien prácticamente se volvió loco de impotencia cuando se enteró del terremoto en Haití y la catástrofe que estaban viviendo sus ya de por sí paupérrimos habitantes.

De nuevo, conformó rápidamente una legión de apoyo, reclutó a varios de los suyos y se enrumbó hacia el devastado país. Ahí se arrolló las mangas, hizo todo lo que pudo y más, a ratos lloraba desconsolado (de nuevo, la imagen nos remite indefectiblemente a Río Místico ) pero pronto se recomponía y seguía tratando de ayudar a organizar la ayuda en aquel desastre, que muchos calificaron como la peor tragedia contemporánea de Occidente.

Pero Penn no solo ampara a los desvalidos, también toma un avión a la hora que sea cuando un amigo necesita un roble en quien apoyarse. Él fue uno de los primeros en acudir en auxilio de Charlie Sheen cuando, hace dos años, este último fue sacado de la serie Two and a half men y tuvo una suerte de caída libre llena de escándalos, sobredosis, agresiones y desafortunadas apariciones en redes sociales.

El doble ganador del Óscar (repitió en el 2009, por Milk ), quien por entonces estaba en literalmente metido en Haití, ayudando a reconstruir el país, fue de los primeros –junto con Mel Gibson– en tender la mano a Sheen y apoyarlo públicamente mientras muchas otras luminarias se apartaron y medio planeta disfrutaba del tenebroso circo de Sheen.

“Charlie es una de las pocas personas públicas que no pueden ser acusadas de usar a los medios de comunicación en su propio beneficio”, afirmaba.

“Pienso que sus energías, su inteligencia y su pasión le podrían servir, como les sirve a todos los que son “tocados” por el problema del pueblo haitiano”, dijo Penn en aquel momento. Los actores son íntimos amigos desde su más temprana juventud y Sean incluso participó como invitado especial en uno de los capítulos más extraordinarios de Two and a half men , cuando la serie estaba en la cima.

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Sobre el apoyo de Sean, Charlie Sheen comentó durante su aparición en el show de David Letterman: “¿De qué se extrañan. Es Sean Penn. Por algo es uno de mis mejores amigos de toda la vida. Él no es como el resto de la basura de Hollywood”.

Más de cerca

Aunque es huraño con la prensa y usualmente solo da entrevistas cuando se trata de hablar de sus películas, cuando lo hace, termina por lanzar dardos a diestra y siniestra.

Varios de sus entrevistadores coinciden, según diversas entrevistas publicadas en medios mundiales, en que la presencia del actor impone respeto, y mucho. Se dice que difícilmente sonríe durante la conversación. No es que está enojado ni triste, simplemente, él es así. A veces parece encerrado en su mundo, han contado algunos periodistas.

Claro, también hay razones para que, quienes lo tienen al frente, sepan que deben tener precaución al pisar terreno minado. No porque tenga explosiones de ira espontáneas a lo Russell Crowe, pero bueno: después de todo, su fama lo precede. Quizá ahora nadie se acuerde, pero hace más de 20 años supuestamente disparó contra los helicópteros que sobrevolaron como buitres durante su boda con Madonna (sí, estuvo casado con ella durante cuatro años cuando ambos empezaban a labrar sus carreras) o que ha sido detenido varias veces por sus trifulcas con los paparazis e incluso con uno que se coló como extra en el rodaje de Colors y Penn descubrió que era un fotógrafo infiltrado.

Una entrevista con el actor, publicada en el diario español El País, ambienta muy bien cómo es estar frente a frente con Penn.

“Ni se molesta en decir hola, a menos que al gruñido y el gesto al tirar su cigarrillo antes de entrar en el hotel puedan interpretarse como un saludo. Expresa su deseo de ir al grano sin mediar más palabras que el deseo (dicho con tono de orden) de que no quiere hacerse fotos, aunque no hay fotógrafos en los alrededores ni nadie los haya solicitado. Se entiende que The New York Times lo haya descrito como ‘una tempestad humana y un actor de talento’”.

El carácter hosco de Penn viene, por lo que cuentan varias notas biográficas, desde su época de escolar, cuando le llamaban Gary Cooper por su escasa comunicación con los demás.

Hijo del actor y director Leo Penn y de la actriz Eileen Ryan, se vinculó con pequeños trabajos en televisión desde muy joven: se convirtió casi en estrella desde su llegada al cine con Taps , en 1981.

Conforme su fama fue creciendo, se fue alejando más de Hollywood, físicamente hablando, pues eligió un suburbio alejado de las mansiones de sus colegas, sobre todo después de que su ahora exesposa y sus dos hijos sufrieron un intento de secuestro.

Para admiración de unos y crítica de otros, se ha negado varias veces a asistir a la ceremonia de los Óscar, incluso cuando ha sido nominado. Sí recogió sus trofeos cuando obtuvo los galardones máximos con Río Místico y con Milk.

Tras su divorcio se vinculó románticamente con Scarlett Johanson, en un romance fugaz que se convirtió en carne de cañón para la prensa rosa. Hubo consenso, según el cotilleo, en que Penn había dejado a la bellísima y joven Scarlett “por burra”.

También se le ha atribuido un romance con la modelo Petra Nemkova, quien estuvo a punto de morir durante el tsunami de Indonesia en el que sí falleció su novio, un fotógrafo al que ella vio morir arrastrado por las aguas.

El actor ha sufrido dos grandes tragedias personales: la muerte de su hermano Chris, también actor, debido a una sobredosis, en el 2006, y el grave accidente que sufrió su hijo menor Hooper (18 años), quien estuvo varios meses en coma, tras un serio percance a bordo de un monopatín.

Ha sido, según Penn, la experiencia más dura que ha vivido, pero salió triunfante, pues a pesar de los pésimos pronósticos, el joven salió adelante y se recuperó por completo.

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