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Crítica de música

Más conducto que conductor

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Maestría. Irwin Hoffman obtiene un rendimiento superior de la OSN.

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Encontré emocionante y pleno de goces estético-musicales el noveno concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), celebrado el viernes 28, en el Teatro Nacional (TN).

La causa de las satisfacciones que me deparó la función fueron el desempeño excelso del solista en violonchelo, el chileno-estadounidense Andrés Díaz; la conducción admirable del maestro Irwin Hoffman, director emérito de la OSN; el rendimiento superior del conjunto, sin duda el más distinguido que le he escuchado este año, y el comportamiento atento de un público numeroso, conocedor y apreciativo. Repertorio.  Dos obras maestras conformaron el programa. La primera parte se dedicó al Concierto N° 1, en mi bemol mayor, para violonchelo y orquesta , opus 107, de Dmitri Shostakóvich (1906-1975), figura prominente del modernismo ruso-soviético; para concluir, se escuchó la Sinfonía N° 3, en mi bemol mayor , opus 55, Heroica , de Ludwig van Beethoven (1770-1827), máximo representante del período posclásico de la escuela austro-germana.

Shostakóvich. El ilustre compositor ruso completó el primero de sus dos conciertos para violonchelo en 1959 y lo dedicó a su amigo íntimo, el gran violochelista Mstislav Rostropóvich, quien memorizó la obra en cuatro días y la estrenó en octubre de ese año en Leningrado, con la Filarmónica de esa ciudad (hoy de nuevo llamada San Petersburgo) y la dirección de Yevgueni Mravinski.

El Concierto fue un éxito inmediato y se ha mantenido como el favorito del público y los intérpretes entre los conciertos contemporáneos para el instrumento.

La obra está estructurada en cuatro movimientos y el segundo, tercero y último se tocan sin interrupción; el tercero es una extensa cadencia para el violonchelo solo.

Andrés Díaz forjó una lectura magistral de la pieza: produjo sonoridades amplias y resonantes; obtuvo tonos tersos y dulces o roncos y bruscos cuando requeridos.

El solista sorteó con habilidad y aplomo los complicados y frecuentes cambios rítmicos del alegreto inicial; se oyó introspectivo y concentrado en el elegíaco moderato; intenso y enérgico en el dolorido soliloquio de la cadenza , que converge directamente al alegro final, en el que de nuevo Andrés Díaz superó con distinción y arrojo la métrica cambiante y difícil que remata en un paroxismo febril. Hoffman y la OSN modelaron un acompañamiento diestro y preciso, en cumplida sintonía con el violonchelista. Dentro del conjunto se destacaron los solos del corno principal, Luis Murillo. Fuera de programa, Andrés Díaz respondió a los prolongados aplausos con el Preludio de la segunda Suite para violonchelo solo de Bach.

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Beethoven. La Heroica es una obra revolucionaria y marca un giro insólito en la evolución del pensamiento musical debido al concepto y procedimiento del desarrollo orgánico iniciado por Beethoven, mediante el cual el discurso musical brota, se estructura, desarrolla y transforma a partir de breves células rítmicas o melódicas primordiales.

Este recurso metódico es lo que concede a sus composiciones posteriores a 1804, año de la conclusión de la Heroica , la congruencia, unidad y hondura que se traducen en el poderoso impacto emocional que provoca la música de Beethoven en el oyente serio y atento.

He guardado la impresión de que, al interpretar las sinfonías de Beethoven, el maestro Hoffman es más conducto que conductor. Es decir, él se pone a disposición del compositor para que la música llegue, diríamos, directo al escucha, sin aspavientos o extravagancias directorales.

Esto es en parte ilusorio, porque las versiones del director emérito surgen del estudio profundo de las partituras y el respeto al estilo y las indicaciones del compositor.

Como fuere, el maestro Irwin Hoffman y la Orquesta Sinfónica Nacional moldearon una interpretación noble y conmovedora de la Heroica : las frases torneadas con esmero; los tiempos justos; las dinámicas labradas de modo delicado, fortes recios, pianísimos tenues, las secciones por entero unidas y diligentes.

Al final, el público brindó una meritoria y larga ovación a los músicos.

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