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De la concentración a la parálisis

Actualizado el 25 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Desconcentrar los hospitales reduciría la ingobernabilidad de la CCSS

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De la concentración a la parálisis

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En los últimos 30 años he sugerido varias iniciativas para mejorar los servicios de la CCSS en general y durante esta crisis. He propuesto en estas mismas páginas algunas reformas; una de ellas es la desconcentración de hospitales para reducir la ingobernabilidad en que se halla la institución. En este artículo, profundizo un poco más sobre aquel proceso.

La concentración de poder en las oficinas centrales de la CCSS en avenida segunda ha causado una parálisis de ideas y acción en todos los centros de salud, pero afecta esta parálisis burocrática especialmente a los hospitales; gran parte del tiempo se pierde preguntando en diversas oficinas qué ha pasado con determinada solicitud o pedido.

Esta situación inconveniente se previó que podría malograr el proceso de universalización de la institución y, por eso, se recomendó que los hospitales quedaran desconcentrados; no obstante, tal recomendación no progresó porque su importancia fue incomprendida en aquella época de grandes cambios que fue la década de los años 70.

Tuvieron que pasar 25 años para enmendar aquel error cuyas consecuencias fueron: pérdida de autoridad de la dirección de cada hospital, fortalecimiento de los grupos sindicales, pérdida de mística en el trato a los pacientes y considerable aumento de trámites burocráticos e ineficiencia. Afortunadamente, durante la administración Figueres Olsen, el diputado Alberto Cañas presentó a la Asamblea Legislativa un proyecto de ley para desconcentrar los hospitales y subsanar así el error que contenía la Ley No. 5349 de traspaso a la CCSS; ya en la administración Rodríguez Echeverría, convocado el Dr. Rodolfo Piza, presidente ejecutivo de la CCSS, a dar opinión sobre el proyecto Cañas, planteó con toda claridad cómo la desconcentración máxima y la obtención de personería jurídica favorecería la calidad de la atención médica y la administración de los recursos físicos, humanos y financieros de cada hospital y contribuiría a restablecer un clima laboral propicio, la responsabilidad individual y el espíritu de servicio.

Desgraciadamente, desde hace varios años la Junta Directiva echó marcha atrás y se borró todo lo que se había avanzado en esta dirección; como consecuencia de esta equivocación, también se frenó la acción coordinada a nivel local, regional y central del Ministerio de Salud con la CCSS, y en estos momentos no están claramente definidos el papel preventivo y de promoción de la salud que corresponde al Ministerio, ni hasta dónde pueden llegar las acciones de la Caja que deben ser básicamente de atención médica y prevención individual.

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En consecuencia, no solo se han debilitado los mecanismos de coordinación a todos los niveles, sino que se ha regresado a una competencia estéril en algunos casos o a una duplicación innecesaria de funciones en otros. Además, la iniciativa individual del personal, elemento fundamental en el desarrollo de cualquier empresa, ha sido reemplazada por una actitud pasiva y desinteresada.

En condiciones normales esto se considera una anomalía, pero en condiciones de crisis es un error con graves consecuencias para las poblaciones a las que debe servirse, porque sin cierto grado de autonomía los centros médicos y su personal sufren una caída de su autoestima, y su espíritu libre e innovador poco a poco va desapareciendo.

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