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La comedia como trabajo, ¿es rentable?

Actualizado el 12 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Esta es GENTE ESPECIAL que hizo del humor su vida. ‘Cuentachistes’, imitadores, intérpretes de comedia y artistas del stand-up son muy distintos pero buscan lo mismo: hacer reír. ¿QUIÉN PUEDE VIVIR DE ELLO?

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La comedia como trabajo, ¿es rentable?

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Pablo Montoya aparece súbitamente en escena cuando se encienden los reflectores. La actriz Marcia Saborío tiene razón: no se puede contener la risa cuando uno ve esa figura en un escenario. Ese muchacho, con una fragilidad nerviosa a lo Woody Allen, tiene 29 años de edad y lleva seis de sacarle risas a desconocidos.

“Me gustaría independizarme, pero tengo dudas de que esto se pueda convertir en una carrera en el país”, dice el comediante, quien solo se dedica al stand-up comedy y todavía vive con su familia. Su duda fue la nuestra también. ¿Se puede vivir de la comedia?

Meter en un mismo saco el humor de El Porcionzón y el de La Media Docena, el del comediante Simplemente Marvin y el del elenco de Pelando el Ojo no parece muy inteligente. Sus artes provienen de sitios distintos, pero todas se dirigen al mismo lugar: la risa.

El duro comienzo

Decir que uno quiere hacer de la risa una carrera no suele causar risa en la familia.

Marcia Saborío, por ejemplo, cuenta que en su casa siempre se estimuló mucho su veta histriónica. Sus papás la acompañaban a las presentaciones en bares cuando actuaba junto a Nerina Carmona en el dúo Las Cuatrufias en 1980, cuando ni siquiera tenían cédula. Sin embargo, la humorista cuenta que su papá se asustó cuando le contó que quería ser actriz profesional: “Él ya me tenía el puestecito como secretaria en un banco”.

La actriz Cynthia Guzmán recuerda una aprensión similar en su familia: “Mi papá es economista, entonces cuando decidí dedicarme a esto, me preguntaba si ya tenía la proyección mensual, que cuánto iba a necesitar y que cuidado me equivocaba”. Ella, junto con su colega Julissa Madrigal, conduce el programa Gente Demente , en la Súper Estación (89.1). Su programa es joven, pero ellas trabajan juntas desde hace casi diez años en shows privados con interpretaciones de personajes en situaciones graciosas.

Julissa agrega que cuando tomaron la decisión de dejar sus empleos como vendedoras, ella se dijo: “Claro que sí nos va a ir muy bien porque ahora solo podemos vender por zonas geográficas y nos ganamos el 6% de comisión. Con el cambio, tendríamos todo el mundo para vender, y con una comisión del 100%. Tampoco tenía que estarle dando explicaciones a ningún jefe, nosotras éramos nuestras propias jefas”. Hasta ahora ha acertado, aunque Cynthia agrega que ha habido ocasiones en que no han tenido “ni pa’l chicle”.

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El comediante Carlos Ramos, El Porcionzón , dice que hoy los medios de comunicación son muy receptivos al humor, situación que no siempre fue igual. Ramos se dio a conocer en el programa de “cuentachistes” La Dulce Vida , a finales de los 80, y tardó casi diez años en lograr vivir solo de la comedia. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-05-12/RevistaDominical/Articulos/RD1205-COMEDIA/RD1205-COMEDIA-quote|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} “No es tan difícil dispararse, el problema es mantenerse. Por eso es que el humorista es muy escaso y los medios se pelean por alguien que tenga un poquito de talento, porque no es tan fácil”, dice El Porcionzón .

El caso de Marcia Saborío es raro en el país, pues desde muy joven empezó a cosechar éxitos. “La Cuatrufia me dio casa, muebles..., bueno, qué no me dio”, cuenta.

Saborío es actriz profesional, y recuerda que cuando empezó en el teatro le pagaban ¢125 por función, mientras que, en el salón donde hacía humor con Nerina Carmona, ganaba ¢450 la noche, y trabajaba dos noches por semana.

Sin embargo, la actriz aclara que aquellos inicios no fueron fáciles porque también vinieron con muchas responsabilidades. A la par de la comedia, a sus 21 años estaba pagando su casa, criando sola a su bebé y estudiando actuación.

Son estas durezas las que hacen pensar y repensar a la comediante de stand-up Waleska La Maravilla Oporta para dedicarse de lleno al escenario. Actualmente, tiene un empleo de tiempo completo en mercadeo en redes, y calcula que le dedica un medio tiempo adicional a las presentaciones y a la escritura de rutinas cómicas. “Hay comediantes solteros que viven todavía con la mamá y pueden sobrevivir con esto; yo tengo dos hijos, deudas, mis cosas, y he sido madre soltera por muchos años. No puedo hacerlo por el momento”, cuenta La Maravilla .

Cynthia Guzmán, por el contrario, supo que tenía que “tirarse al agua” con los shows privados cuando nació su hija y quería pasar más tiempo a su lado. Le partía el corazón tener que separarse de ella durante todo el día.

Esta seducción de ser dueña de su horario es lo que deslumbró a la humorista y presentadora Natalia Monge cuando empezó a trabajar en el programa de parodias Pelando el Ojo, hace cinco años. Ahí ganaba el doble de su salario en el trabajo anterior en la mitad de una jornada de trabajo.

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“Al principio me daba miedo, porque soy una persona que va muy de la mano con la estabilidad, y en Pelando el Ojo ganaba por servicios profesionales, pero luego me di cuenta de que es igual de estable que cualquier trabajo de oficina”, sostiene Monge.

Vendedores de risa

El periodista Malcolm Gladwell le pone una atención especial a la figura de los vendedores cuando trata de averiguar por qué se disparan las epidemias sociales. Según él, ellos representan “un selecto grupo de personas con las habilidades para persuadirnos cuando no estamos convencidos de lo que estamos oyendo”.

La descripción parece adecuada para la mayoría de personas consultadas para este reportaje: individuos extrovertidos, con un gusto por la gente y que, casualmente, han trabajado en comercio.

Carlos Ramos fue vendedor de llantas para camiones; las muchachas de Gente Demente fueron ejecutivas de ventas; Nel López fue gerente de una tienda de suministros para bicicleta; Natalia Monge fue promotora musical y el comediante de stand-up Michael Gringo-Tico Alvarado fue ejecutivo de mercadeo.

En el trabajo anterior de Alvarado, lo enviaban frecuentemente de gira.

“Después de cuatro fines de semana de pedir que alguien me cubriera, mi jefe se empezó a molestar. Me dijo: ‘¿El trabajo o la comedia?’, y ahí fue cuando decidí renunciar”, dice Michael. Según el comediante, su experiencia no fue desperdiciada, pues para él es fácil negociar con clientes.

Mario Chacón, integrante de La Media Docena, es publicista de profesión y mercadólogo de formación. Medio en broma y medio en serio, dice que su entrada en la comedia le sirve para desquitarse con su pasado, porque en la agencia para la que trabajaba, siempre le dijeron que no servía para el departamento de creatividad.

Su proyecto empezó como un pasatiempo de cuatro amigos y terminó como una de las marcas más consolidadas de la comedia nacional.

Carlos Ramos, quien también está orgulloso de cómo ha consolidado su marca humorística, dice que él se ha propuesto reinventarse para no quedarse rezagado. Por ello, en ocasiones recientes se ha dejado ver vestido de personajes chuscos. El más conocido de ellos es Cachetenieves, a quien Ramos describe como “Blancanieves queriendo imitar a El Porcionzón ”.

Nel López es el comediante veterano que lucha por regresar a la cresta de la ola. Él sigue produciendo La charanga del deporte , esa pieza picaresca en Columbia que disecciona las noticias futbolísticas con buen humor. Sin embargo, después de que hace tres años tuviera que detener sus actividades artísticas por una situación personal, el comediante lucha ahora por seguir vigente con el gran público. Quien fuera una de las revelaciones de La Dulce Vida (donde fue presentador junto a Lucho Ramírez), hoy se ha enfocado en una empresa familiar dedicada a ofrecer paquetes completos para el entretenimiento en bodas. Nel confía en “reposicionarse” gracias a que recientemente ha vuelto a la televisión en su renovado programa Aguadulce , por canal 13.

Nel López no ve su retiro en un futuro próximo. Mientras la gente siga riendo, él seguirá contando chistes.

Lo difícil en este negocio es empezar, pero también detenerse, al menos hasta que el público quiera.

El precio de una carcajada

Un comediante puede obtener ingresos de un puñado de fuentes: la televisión y la radio, las presentaciones privadas –ya sea en eventos en empresas o en fiestas como despedidas de soltero–, shows en teatros y presentaciones en bares. Las vacas flacas y las gordas están bien definidas a lo largo del año. Entre enero y mayo es temporada baja; entre junio y noviembre, temporada alta, y diciembre es un mes de trabajo desaforado. Michael Gringo-Tico Alvarado dice que, por ejemplo, después de un muy buen diciembre, él prácticamente no tuvo presentaciones en enero. Julissa Madrigal, de Gente Demente, cree que el conocimiento de estos ciclos es vital para poder ordenar las finanzas. Ella suele hacer unos cuatro pagos adelantados para el préstamo de su casa en enero para estar más tranquila cuando los contratos no abundan. Todos los comediantes consultados coinciden en que quienes se dedican al humor ven más dinero en las actividades privadas en empresas. Todos tienen precios diferenciados según el poder económico del cliente, el lugar de la presentación y el tamaño de la audiencia. Chabela y Chayo, los personajes más populares en Gente Demente, pueden cobrar en promedio unos ¢250.000 por presentación. El “estandapero” Marvin Murillo dice que un comediante tiene tarifas de entre ¢150.000 y ¢250.000 por una presentación privada en una empresa grande. En eventos más cerrados, como una despedida de soltero, precisa  que el rango de precios ronda entre ¢70.000 y ¢150.000. Marcas más consolidadas y cotizadas como La Media Docena y Pelando el Ojo se abstienen de divulgar los precios de sus presentaciones, pero se calcula que sus honorarios son mayores. Carlos Ramos también evitó  las cifras aduciendo que es un asunto que causa mucha controversia. Según él, la mayor cotización de un artista  tiene que ver con la vigencia y la popularidad que tenga entre el público.

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