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¿Qué coalición?

Actualizado el 15 de agosto de 2012 a las 12:00 am

Debemos presentarle al país un proyecto alternativo al neoliberalismo

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Desde el Frente Amplio, siempre hemos apostado por la necesidad de construir una coalición política y social en condiciones de presentarse ante el país como una alternativa creíble y posible, en condiciones de ganar las elecciones, pero también de llevar a cabo un cambio en la forma de entender y de hacer política desde el poder y en el modelo económico imperante desde hace al menos 30 años.

Ganar unas elecciones sin una amplia base social de apoyo y pensar que las cosas se pueden resolver con mayorías parlamentarias coyunturales para aprobar leyes, es lo que vienen haciendo los últimos Gobiernos, con un costo elevadísimo de alejamiento de la gente de la política y con el creciente descrédito de las instituciones de la democracia representativa.

Una deriva peligrosa y sin futuro, vinculada al crecimiento de la corrupción y al debilitamiento progresivo de las bases de la democracia.

Los gobiernos monopartidistas que además pretenden perpetuarse en el poder, como Liberación Nacional en la Costa Rica de hoy, son una amenaza que amerita la unión de fuerzas diversas para tratar de impedirlo en las urnas. Si está claro que ningún partido de los que forman el arco de la oposición al PLN, está en capacidad de ganar unas elecciones en solitario, es del abecé político la necesidad de una realista y ambiciosa política de alianzas para poder lograrlo. No se trataría de querer sacar al PLN del Gobierno y nada más.

Aunque esa coalición no puede construirse sobre la base de coincidencias o de discrepancias ideológicas, sí debe tener algún común denominador para saber con quiénes es posible hacerla.

Y esa base mínima para un acuerdo tiene necesariamente que apoyarse en un programa común de gobierno.

Queremos los votos de la ciudadanía para hacer qué. Aparece aquí una línea divisoria entre quienes pensamos que el llamado modelo de desarrollo debe experimentar cambios importantes y que no basta con “aceitarlo” como un grupo de economistas, empresarios y políticos declaraban hace unos días a un periódico nacional.

No hay en realidad desarrollo, hay crecimiento económico hoy estable en la superficie, pero altamente vulnerable desde que entrara en crisis el recetario del Consenso de Washington.

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Un modelo que hace crecer permanentemente la desigualdad social y se declara incapaz de abatir la pobreza, siempre será un modelo fracasado de una minoría satisfecha por la buena marcha de sus negocios. Eso tiene que cambiarse y plantea la necesidad de presentarle al país un proyecto ilusionante y serio de transición del neoliberalismo a una política económica que coloque entre sus prioridades las cuestiones sociales y ambientales.

No se trataría entonces de medir afinidades o purezas ideológicas, sino de ir a lo concreto para ver qué partidos políticos, qué fuerzas sociales y culturales pueden suscribir unos acuerdos programáticos que sean la base de la futura acción gubernamental y parlamentaria de la coalición.

Sumar en esta tarea es un arte y un ejercicio de madurez política, para hacer posible que cada fuerza, sea grande o pequeña, pueda dar su aporte desde el respeto a su independencia y a las diversas identidades ideológicas.

La corrupción también es naturalmente otra línea divisoria que la misma sociedad decente del país demanda. No hace falta mucha moralina para entender que la mayoría del país anhela una Costa Rica decente y justa, cuyas huellas se fueron perdiendo en el camino y están a punto de borrarse. Nadie repartiría certificados de buena conducta, nadie daría lecciones a nadie, las personas que a su paso por la Administración Pública o por la empresa privada cometieron graves actos de corrupción, se excluirían solas de una coalición del cambio y de la decencia.

Estamos a tiempo para trabajar juntos y para entendernos.

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