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La clase técnica y profesional

Actualizado el 28 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Para intercambiar con los lectores y lectoras, hago una distinción entre los siguientes sectores sociales: capitalistas y empresarios; técnicos y profesionales; operarios apendiculares y marginales. Para evitar confusiones y prejuicios innecesarios, acepto que todos, en un sentido u otro, son “trabajadores”. Los capitalistas ciertamente trabajan, principalmente cuidando su propiedad de los medios de producción, concentrando en sus rendimientos financieros; los empresarios también trabajan, dando atención especial a la eficacia y eficiencia; los técnicos se ocupan de la productividad material de los medios, sujetos a la discreción de los empresarios; los profesionales aplican su propia discreción a delegación de estos; los operarios apendiculares accionan los medios, con designación prioritaria; y los operarios marginales son sustitutos eventuales.

Me refiero a “clase” técnica y profesional”, en el sentido tradicional y formal del término: la relación de un conjunto de personas basada en los medios de producción, la cual es válida, aunque no cae bien entre algunos analistas sociales por su “olor” a marxismo y lucha de clases. Pero me arriesgo, porque trato de acertar, no caer bien, como hubiera dicho Rodolfo Cerdas.

Técnicos y profesionales tienen mucho en común y muchas diferencias; por tanto, no esperen que todo lo que diga sobre la relación entre ambas sea coherente: en lo primero, destaco conocimientos, habilidades y destrezas; en las segundas, pienso en fidelidad a principios, autonomía y duración de la relación. Y no voy a precisar más, porque demasiadas palabras estorban, dice un apreciado amigo; además, siempre se requiere alguna medida de discrecionalidad y libertad para razonar, no quiero dar la impresión de que estoy inventando el agua tibia, tengo en mente autores como el brasileño Paulo Freire (1921-1997) y el norteamericano Harry Braverman (1975), para que cada lector o lectora complemente sus propios puntos de vista, si tuviera a bien.

Por la inmersión cotidiana en la técnica y el desarrollo de tecnología, los técnicos y profesionales tienen una vinculación íntima permanente con las actividades, la materia y la reflexión de los trabajadores, participando en los procesos productivos. Viven, literalmente, las pulsaciones genéticas, funcionales y temporales del trabajo humano organizado. Debido a esa característica, Pable Freire veía en ellos importantes posibilidades para apoyar a los operarios y pobres en la solución de sus problemas y aspiraciones Creía que estos últimos estaban atrapados en círculos que reforzaban su estado, que solo podían romper con apoyo sistemático y permanente de otros sectores sociales. Estando los técnicos y profesionales más cercanos a ellos en los procesos socio-productivo, coincidiendo muchos intereses en relación con el sector capitalista y empresarial, compartían oportunidades para mejorar sus condiciones ambos.

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Harry Braverman reconoce esas posibilidades, pero también sus limitaciones: los técnicos y profesionales no son siempre o necesariamente benévolos en sus posiciones; pueden ser cooptados por los otros sectores o “clases” (especialmente capitalistas y empresarios), además, tenderán a defender primero sus propios intereses, como participantes en el proceso de producción social.

En un artículo próximo, voy a basarme en las perspectivas de esos dos autores, para describir la dinámica de los técnicos y profesionales, a fin de valorarlos como “agentes de cambio”, en la transición hacia una sociedad más equitativa. Hice las aclaraciones anteriores porque trataré de hacer un enfoque ordenado, sin improvisar o inventar el agua tibia, para que lectoras o lectores reflexionen y se informen de antemano sobre la materia.

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