Ciencia

Los cerebros de las mujeres y los de los hombres son diferentes

Dimorfismo Forma diferente no equivale a función distinta, y forma igual no asegura igual función

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      es un óleo sobre tela de Henri de Toulosse-Lautrec.El señor, la señora y el perro
es un óleo sobre tela de Henri de Toulosse-Lautrec.El señor, la señora y el perro ampliar

¿Son diferente los cerebros de las mujeres y los de los hombres? Esta una pregunta que de seguro nos habremos hecho varias veces en nuestra vida. ¿Por qué él hace eso así? ¿Por qué ella no encuentra la dirección que le di? Si tomamos como una verdad lo que escribe Eric Kandel, premio Nobel de Fisiología y Medicina: “Toda conducta es el reflejo del funcionamiento del sistema nervioso”, y si observamos la conducta de hombres y mujeres mientras resuelven un mismo problema, la respuesta a la pregunta inicial será un rotundo : los cerebros de las mujeres y los de los hombres son diferentes.

A pesar de las diferencias que existen entre los sexos, ambos comparten muchas características fundamentales, que son las bases del funcionamiento del sistema nervioso. Los cerebros de los hombres y los de las mujeres están compuestos por células llamadas ‘neuronas’ y por otras, menos estudiadas –pero también muy importantes–: las células gliales. Todas las neuronas se comunican entre sí gracias a los impulsos eléctricos (o nerviosos) que fluyen de un área a la otra llevando información. Esta información nos permite reaccionar, pensar, querer y sufrir.

La determinación del sexo en los seres humanos se inicia con la fertilización del óvulo. Ya desde la sexta o la sétima semana de vida intrauterina y durante el desarrollo, la acción de las hormonas sexuales favorece la conformación de redes neurales y activa procesos bioquímicos diferentes en los cerebros de hombres y mujeres.

Sin embargo, las experiencias y los aprendizajes habidos en los contextos socioculturales también conforman y organizan el cerebro de cada persona, originando capacidades y comportamientos propios y diferenciales.

Los efectos de la exposición a las hormonas sexuales son distintos según el momento de la vida en el que se producen. Dichos efectos son más duraderos cuando la edad es más temprana: por ejemplo, en el periodo uterino. En periodos sensibles –como la pubertad–, los efectos son más de carácter organizativo y estructural. Por último, en etapas posteriores de la vida, las hormonas surten efectos menores.

El cerebro por dentro. El cerebro consta de dos hemisferios: uno izquierdo y uno derecho. A cada uno de ellos se le han atribuido funciones específicas principales.

Así, en el hemisferio izquierdo residen las funciones del lenguaje, el habla, la escritura, el cálculo, el ritmo, el sentido del tiempo, y el reconocimiento de patrones, rostros y melodías, entre otras funciones.

Por otro lado, al hemisferio derecho se lo relaciona, entre otras habilidades, con destrezas perceptuales, visualización, comprensión de lenguaje simple, y reconocimiento y expresión de emociones.

Todo ello no significa que el hemisferio opuesto no esté involucrado en las funciones de su contraparte, sino que tiene una mayor participación en dichas funciones.

Normalmente se dice que la mujer tiene un predominio funcional del hemisferio izquierdo, y el hombre del hemisferio derecho, pero esto depende de las funciones estudiadas.

De hecho, se ha comprobado que el cerebro masculino tiene una mayor lateralización en la separación de funciones que el de la mujer. Es decir, una mujer utiliza generalmente ambos hemisferios para la mayoría de las funciones, pero el hombre no. Esto explica –por lo menos en parte– por qué lesiones cerebrales ocurridas en un solo hemisferio de un hombre tienen efectos más graves que en las mujeres, y por qué hay una mayor probabilidad de recuperación o compensación en ellas.

Diferencias. El dimorfismo sexual es el conjunto de las diferencias estructurales y funcionales que hay entre los sexos, pero no es igual en todas las regiones cerebrales.

Recordemos que la corteza occipital se encuentra en la porción posterior del cerebro y que incluye el área encargada de la recepción y el procesamiento de la información visual. Dicha zona occipital es la menos dimórfica (diferente) de todas las regiones de la corteza cerebral, lo que significa que es muy similar en ambos sexos tanto estructural como funcionalmente.

Sin embargo, otras regiones sí presentan diferencias notables. Por ejemplo, el hombre tiene la amígdala cerebral más grande (la región relacionada con las respuestas emocionales). Por su lado, la mujer presenta un mayor cuerpo calloso (el área constituida por fibras nerviosas muy numerosas que une los dos hemisferios). En ellas, esta característica posiblemente favorezca la comunicación y la velocidad del intercambio de la información de un hemisferio al otro.

La mente humana es resultado de un largo proceso filogenético evolutivo en el que aparecieron estructuras cerebrales que le permitieron a la especie afrontar muchos problemas, adaptarse, sobrevivir y dejar descendencia.

Incluso en el quehacer del día a día, el cerebro –gracias a su capacidad de cambio (plasticidad) ante diferentes estímulos– sigue modificándose y respondiendo a las condiciones cambiantes del ambiente. Esa plasticidad se presenta en diversos niveles (anatómicos, fisiológicos y funcionales) y se mantiene a lo largo de la vida, aunque cambia de acuerdo con la edad y el sexo.

Los efectos de la plasticidad cerebral dependen, entre otros, de factores intrínsecos (como las hormonas) y de factores extrínsecos (como la estimulación física y cognitiva). Se ha visto que entre los sexos también varía la capacidad de cambio en distintas regiones cerebrales y ante diferentes estímulos.

En la vida cotidiana. Generalmente, las mujeres superan a los hombres en las pruebas de velocidad perceptiva cuando hay que identificar rápidamente objetos relacionados. También son superiores en pruebas realizadas para enumerar objetos que sean del mismo color, y en pruebas de fluidez verbal, en las que se han de encontrar palabras que empiecen con la misma letra.

Ellas tienen mayor éxito en tareas manuales de precisión, que requieren una coordinación motriz fina.

Por su parte, los hombres se desempeñan mejor en determinadas tareas espaciales, como las que implican hacer girar mentalmente un objeto, y calcular si un objeto cabe o no en un espacio determinado.

Los hombres muestran mayor precisión que las mujeres en habilidades motrices dirigidas a un blanco (como lanzar o interceptar balones), y encuentran más fácilmente una figura o un objeto escondido en una figura más compleja.

Asimismo, es importante mencionar que los hombres y las mujeres que se desempeñan igualmente bien en ciertas medidas de habilidades cognoscitivas (como las pruebas de inteligencia), utilizan diferentes áreas cerebrales y caminos neurológicos para lograr tales desempeños. Esto se ha logrado dilucidar utilizando técnicas sofisticadas de imágenes cerebrales funcionales.

Aunque no siempre es fácil determinar la razón evolutiva de las diferencias que hay entre los sexos, es seguro que nos han permitido ser exitosos como especie y mantenernos a lo largo del tiempo afrontando un ambiente cambiante.

Los cerebros de hombres y de mujeres son distintos tanto desde el punto de vista estructural como desde el funcional, y existen numerosas pruebas al respecto. Esto no significa que el cerebro de la mujer sea mejor que el del hombre o viceversa; significa únicamente que son diferentes.

¿Cuáles podrían ser las causas de las diferencias? Esa es una pregunta más difícil de contestar: que quede para un próximo artículo.

El autor es doctor en ciencias naturales y director del Programa de Investigación en Neurociencias de la UCR.

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