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Más cerca de un riñón fabricado en el laboratorio

Actualizado el 15 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Más cerca de un riñón fabricado en el laboratorio

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Hasta ahora la idea de poder crear en el laboratorio un “repuesto” de un órgano que debido a enfermedad o vejez ha dejado de funcionar era solo material de películas y libros de ciencia ficción.

Lo más cercano que hemos llegado a encontrar como “repuestos” de órganos dañados es el trasplante. Aunque la medicina ha avanzado mucho y en gran medida son procedimientos cada vez más exitosos, la oferta de órganos para ser trasplantados es mucho menor que la demanda y quienes sí logran recibir un trasplante de órgano corren riesgo de que su cuerpo lo rechace, al reconocer las células ajenas como invasores que deben ser eliminados. Quienes logran que su cuerpo no rechace el órgano trasplantado, deben pasar su vida tomando fármacos inmunosupresores justamente para evitar ese rechazo.

Lo ideal, tal como ha retratado la ciencia ficción, sería poder fabricar un órgano que llevara las mismas células del paciente que lo requiere, un órgano fabricado a la medida de quien lo necesita.

Con esa idea en mente, un equipo de investigadores del Hospital General de Massachusetts, bajo el liderazgo de Harold Ott, ha logrado crear con bioingeniería un riñón de rata, capaz de ser implantado y funcionar – aunque aún no a la misma capacidad que un riñón propio de una rata—.

Según reportan en un estudio publicado ayer en la versión en línea de la revista Nature Medicine , la técnica utilizada para fabricar estos riñones a la medida consiste en usar un riñón cadavérico y, con ayuda de detergentes, eliminar de él todas las células vivas.

Lo que resulta tras ese lavado es un andamio de colágeno con la estructura del riñón; el molde perfecto sobre el cual hacer crecer el nuevo órgano.

En su laboratorio, los científicos lograron obtener esos andamios, libres de células vivas, usando riñones no solo de ratas, sino también de cerdos y de humanos.

La siguiente etapa de la investigación la realizaron solo con los riñones de las ratas y consistió en tomar el molde del riñón, el andamio de colágeno, y poblarlo con células de ratas recién nacidas.

Utilizaron células endoteliales, las células de los vasos capilares, para repoblar todo el sistema sanguíneo del órgano, “sembrándolas” a través del ducto que conecta el riñón a la arteria renal. A través de la uretra, los científicos “sembraron” células del riñón.

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Luego, dentro de un biorreactor, a lo largo de 12 días, las células “sembradas” fueron poblando todo el órgano, hasta lograr crear riñones.

Para demostrar el funcionamiento de los órganos, los científicos utilizaron un aparato que hacía pasar sangre por el sistema vascular del riñón y luego observaron que este generó orina, mostrando que funcionaba.

Por último, el equipo de Ott implantó los riñones fabricados en ratas a las que previamente se les había removido uno de sus riñones. Los riñones implantados empezaron a generar orina una vez que recibieron sangre dentro del cuerpo de las ratas, mostrando que sí funcionaban.

No obstante, su desempeño fue menor que el del otro riñón de cada rata, algo que los científicos atribuyen a haber poblado los riñones fabricados en el laboratorio con células inmaduras de ratas recién nacidas.

Si bien la técnica requiere de refinamiento y aún hay muchos obstáculos que superar antes de poder fabricar un riñón a la medida de un paciente humano, esta investigación logra sacar esta idea de la ciencia ficción y hacerla más posible en el mundo real.

dponchner@nacion.com

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