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El carro de Xi Jinping no tiene nombre

Actualizado el 03 de junio de 2013 a las 12:00 am

Ticos llegaron al Paseo Colón a recibir al presidente chino, sin saber cómo distinguirlo

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San José (Redacción). Xi Jinping tiene un carro anónimo. Cuando Barack Obama vino al país, transitó por el Paseo Colón en La Bestia y era imposible no distinguirlo, pero este mandatario no tiene un Cadillac negro o un avión con nombre hollywoodense.

La presidencia china no trajo un vehículo distintivo. Su visita tuvo ese vacío en el útil protocolo automotriz y, como ninguno de los que llegaron al Paseo Colón esta mañana tuvo claro cuándo vitorear, decidieron hacerlo siempre.

Pasó un vehículo de la televisión china, una primera caravana de diez carros, unas cuantas patrullas de tránsito y después un solitario sedán negro y cada vez movían las banderas. Luego otro convoy y también desató la algabarabía.

A pesar del griterío, la calle se notaba semi vacía. No importó que se planificó con calma, que los chicos fueron convocados desde las 7:00 a.m. a sus centros educativos o que cada uno recibió una banderita de papel: al final los maestros les pedian que se pusiera cada uno a un brazo de distancia del siguiente.

Aun así, no se puede calificar a los ticos de fríos. Un grupo de escolares ensayó un corillo: “¡Xi-Jin-ping! !Xi-Jin-ping!” como si fuera un futbolista o un astronauta y una maestra ofreció: “Le doy puntos en mate al que grite más duro”.

Cuando finalmente pasó Xi Jinping, a las 8:53 a.m, su auto no delató nada. Fueron las dos columnas de oficiales del Grupo de Apoyo Operacional –a dos por motocicleta- al inicio del grupo y los carros de atención médica cerrando el convoy quienes dieron la pista.

En uno de esos autos del medio, tal vez el mercedes negro o la Toyotona azul oscura, estaba Xi Jinping. Aunque no se bajó, como había hecho Laura Chinchilla, a saludar escolares, valía la pena tratar de llamar su atención.

Xi llegó y se fue en menos de un minuto. Dejó la avenida llena de uniformes y banderas y las calles paralalelas empezaron a desaguar la multitud. El barrio chino se llenó de escolares que regresaban a casa pasadas las 9:15 a.m., ya visto el presidente, nada quedaba por hacer.

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Anthony Ramírez fue uno de los que llegó temprano al Paseo Colón. A las 7:45 tenía un banderín de Costa Rica en mano, pero quería más. Caminó hasta su maestra del Jardín de Niños José María Porras y se le cuadró enfrente.

-Niña, ¿tiene una bandera de China?

Primero le dijeron que si sobraban, le darían. Luego, se dieron cuenta de que sí, sobran. Bueno, tome. Con el Paseo Colón más vacío que lleno, se vale compartir. Anthony, con las orejas embarradas de bloqueador, regresó al lado de su tía, diciendo que le gusta China.

-¿Por qué te gusta China, Anthony?

-Porque me gusta comer fideos.

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