19 agosto, 2012

La suerte, la fortuna, los hados, el destino, la dicha y la desgracia han sido siempre conceptos preponderantes, en la vida del ser humano. De ahí que estos elementos han ido formando, a lo largo de la evolución de nuestro idioma, términos y voces dentro de una curiosa diversidad.

El DRAE definirá (en su próxima edición 23.ª) así hado:

(Del lat. fatum ).

1. m. En la tradición clásica, fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos.

2. m. Encadenamiento fatal de los sucesos.

Hado (con frecuencia se usa el plural hados ) proviene, pues, del latín fatum ( derivado de fari “hablar, decir”), o sea, lo dicho o predicho por el oráculo. Se trata del sino o destino , que marca inevitablemente la dirección de los acontecimientos. Fatal es lo que se refiere al destino o hado . No necesariamente a un destino infeliz o aciago.

Sin embargo, en la práctica, fatal se aplica únicamente en un sentido peyorativo: “Una decisión de fatales consecuencias”; “Lo pasé fatal”; “Un fatal accidente”. Uso similar se da a fatídico , casi siempre con sentido negativo: desgraciado, siniestro, nefasto. No obstante, la prueba de la neutralidad de hado (destino afortunado o desafortunado) está en los parasintéticos bienhadado y malhadado , que señalan, respectivamente, un destino feliz y un sino desdichado.

Seguiré próximamente con este tema.

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