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El Séptimo hijo

La aventura se expresa a puros efectos visuales en detrimento de lo narrativo

Actualizado el 19 de enero de 2015 a las 12:00 am

La aventura se expresa a puros efectos visuales en detrimento de lo narrativo

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La aventura se expresa a puros efectos visuales en detrimento de lo narrativo

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Magos y brujas. El exceso de efectos especiales no da lugar a que el elenco se luzca, como en el caso de la actriz Julianne Moore. Romaly para La Nación
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Magos y brujas. El exceso de efectos especiales no da lugar a que el elenco se luzca, como en el caso de la actriz Julianne Moore. Romaly para La Nación

El género de la aventura ha sido de los más duraderos en el cine. Esto a propósito del estreno del filme inglés titulado El Séptimo Hijo (2014), dirigido por el ruso Serguéi Bódrov, conocido por su trilogía biográfica Mongol (2007), donde se narra la historia del líder mongol Genghis Khan.

De nuevo, Bódrov está como rana en estanque al rodar una película cargada de batallas, esta vez con la obsequiosa ayuda de los efectos visuales por computadora, los cuales se convierten en sujetos protagónicos de los tonos épicos del relato.

Si al exceso de efectos especiales, capaces de opacar todo lo demás, se le agrega una deficiente tercera dimensión (3D), se entiende pronto que estamos ante un producto fallido. Su 3D oscurece en demasía lo escenográfico y hace que los personajes parezcan muñecos en lugar de sujetos de carne y hueso.

Evidentemente, eso es lo que querían los productores y, para tal, les vino muy bien el estilo del director ruso. Lo visual lo es casi todo, ¿casi o todo?

Entre la aventura y la leyenda del género fantástico, la trama se ubica en una época en la cual hasta las religiones se inclinan ante la magia: el poder del sortilegio, con brujas, druidas, hechiceros, aprendices, con transformaciones de humanos en monstruos y al revés.

No más al comenzar la primera hostilidad entre brujas y magos, sucede la muerte de William, por lo que el último guerrero de una mística orden, Gregory, recorre el mundo en busca del necesario sustituto de William: es una especie de redentor cuya vida está definida.

Al suplir a William, ese joven, llamado Tom, deberá enfrentarse a las maldiciones que se anuncian para la humanidad de parte de la bruja Malkin y su corte de brujas y brujos terrenales.

Tom es el último Séptimo Hijo, así anunciado por las profecías legendarias, quien tiene sorpresivas cualidades, más allá de su condición humana.

Apartado de su tranquila vida en el campo, Tom se embarca con Gregory en atrevida aventura. A la vez, Gregory ha de formarlo como titán.

Todo eso es para derrocar a la oscura reina de la hechicería y a su ejército de asesinos sobrenaturales. La traba es que Tom encuentra el amor donde no tenía que hacerlo: en una bruja, lo que complica los acontecimientos.

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Así contada, la historia suena bien. Sin embargo, dicho antes, los efectos especiales se imponen al relato, para complacer a quienes gustan más del envoltorio que de la propia historia o argumento. Ahí es como se pierden los vericuetos narrativos.

Las propias actuaciones de un elenco conocido y con prestigio (Jeff Bridges y Julianne Moore) se pierden en el marasmo visual, entre bichos raros, engendros, quimeras, vampiros, dragones y alta brujería. La música no atina a subrayar imágenes. Es como si fuera una película pensada, primero, en lo visual.

Vista la película, de El Séptimo Hijo no deja de molestar su misoginia. En efecto: los buenos y los héroes son hombres.

La maldad la encarnan brujas, mujeres, con su reina al frente sin ningún rey.

Con ese entarimado, el filme resulta entretenido, pero no lo que debiera ser. Es arte menor de un subgénero bien tasado: el de espada y hechicería (“sword and sorcery”). Ah, y esto huele a saga, lo indica el final de la película y la literatura en que se basa.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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