20 noviembre, 2014

Champigny-sur-Marne, Francia. EFE. Francia constata con inquietud el auge del yihadismo dentro de sus fronteras, que encuentra su última expresión en la presencia del joven Maxime Hauchard y del francés de origen portugués Mickaël Dos Santos, identificados ayer en las filas del Estado Islámico (EI).

Los casos de Hauchard y Dos Santos, que aparecen en el video en que los verdugos del EI decapitan al rehén estadounidense Peter Kassig, están lejos de ser aislados, advirtió el fiscal general de París, François Molins, y más bien ejemplifican “un contencioso de una amplitud inédita en Francia”.

En la localidad de Champigny-sur-Marne, bastión comunista al sureste de París de donde Dos Santos es natural, los vecinos apenas contenían el estupor, mientras se apresuraban a describir una barriada tranquila cuyas calles albergan distintas comunidades religiosas.

El joven Moussa, compañero de colegio del yihadista, traza el retrato de un tipo tímido, corriente, que vivía con su madre.

“Salía con amigos e iba a la mezquita; era alguien normal, alguien que pensaba como nosotros”, añade.

Junto a Moussa, otro joven defiende que “no hay ningún tipo de radicalismo” en Champigny, antes mostrarse escéptico sobre la culpabilidad de Dos Santos. “Tal vez solo nos hemos ensañado con él porque ha decidido empezar una nueva vida”.

El Ministerio del Interior contabiliza 1.132 ciudadanos franceses presuntamente vinculados a redes yihadistas que operan en Siria e Irak, y tiene 99 procedimientos abiertos y 76 detenidos.

¿Por qué se enrolan? Para David Thomson, periodista y autor de Les français jihadistes (Los franceses yihadistas) , las razones del fenómeno son múltiples y deben buscarse en “el éxito de la ‘ciberyihad’ y las redes sociales”, por un lado, y “la cercanía geográfica del conflicto sirio”, por otro.

Los jóvenes se radicalizan por medio de Internet donde tienen acceso a videos de contenido propagandístico y a una literatura yihadista que “nunca había estado tan a mano”, explica.

Un video de propaganda yihadista, distribuido el lunes por el grupo al-Furqan Media, muestra a Mickäel Dos Santos, otro de los franceses que ha actuado como verdugo a las órdenes del Estado Islámico. | AFP
Un video de propaganda yihadista, distribuido el lunes por el grupo al-Furqan Media, muestra a Mickäel Dos Santos, otro de los franceses que ha actuado como verdugo a las órdenes del Estado Islámico. | AFP

Las redes sociales, agrega el analista, permiten “contactar, vía Facebook, al tipo al que, horas antes, hemos visto ejecutar a una persona”.

Thomson destaca que “influyen también razones personales, la frustración social y la insatisfacción generada por la certeza de hallarse en los márgenes del sistema” francés.

En cambio, el origen étnico de los captados “no es tan importante como se cree”.

Según el Ministerio del Interior, dos tercios de los yihadistas sobre suelo francés poseen pasaporte galo, y son una población joven y heterogénea, que integra a un alto porcentaje de conversos –hasta un 20%–, entre los cuales Thomson contabiliza individuos de origen coreano, vietnamita o portugués, como el propio Mickaël Dos Santos.

A este respecto, un informe elaborado para el Gobierno por el Centro de Prevención contra las Derivas Sectarias Ligadas al Islam, al cual tuvo acceso EFE, asegura que “el 80% de las familias implicadas se declaran ateas”.

“El Estado Islámico aspira a situar a los musulmanes en un pensamiento transnacional, por el cual su identidad y estatus dejan de vincularse a una nacionalidad, un Estado o unas raíces”, establece el estudio.

En sus conclusiones, resta importancia a los “argumentos migratorios y religiosos” para apuntar más bien a motivos de exclusión social, y confirma que la franja de edad entre los 15 y los 21 años es la diana predilecta de las redes del islamismo radical.

Bajo la promesa de fabricar “personas sin límites”, las estrategias de seducción más habituales recurren a relatos heroicos, pretextos humanitarios y referencias a videojuegos como Call of Duty para atraer a jóvenes fascinados por la idea de combatir.

Pero este entusiasmo suele enfriarse: Thomson cifra en 200 el número de yihadistas franceses “decepcionados y aterrados” que han emprendido el camino de vuelta desde el 2012.

Aprobada el 29 de octubre, la nueva ley antiterrorista francesa impulsa medidas jurídicas destinadas a interrumpir el flujo de milicianos a países como Siria o Irak y a combatir a los llamados “lobos solitarios”, individuos que actúan por su cuenta en territorio galo.

“Es una ley insuficiente, va a perturbar sus operaciones pero no las detendrá”, sostiene Thomson.

En los últimos años, se han registrado en Francia varios ataques de los llamados “lobos solitarios” con reivindicaciones yihadistas.

Sin olvidar el caso del franco-argelino Mehdi Nemmouche, quien supuestamente asesinó a cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas, el más significativo es el del joven Mohamed Merah, quien en marzo del 2012 mató a otras siete en Toulouse y sus alrededores, antes de ser abatido por las fuerzas de seguridad.