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El arte de la devoción

Actualizado el 31 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Cristos, vírgenes y santos se encargan del sustento de una familia de Alajuela que lleva 25 años de hacer ARTE SACRO

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Se llama José Fernández Alfaro, pero para todos es Jose, a secas. Artesano, esposo y padre de familia, cada mañana se desplaza a su trabajo tras desayunar en la cocina de su casa. El viaje le toma solo unos pasos: en un patio lo esperan damas y caballeros de madera o de barro, con ojos de vidrio de mirada santurrona.

Aquel patio es un verdadero taller de arte sacro, donde, junto a sus hijas María y Natalia, y su esposa Guiselle, comparten en familia el trabajo conjunto de modelar, laminar y pintar las imágenes que adornarán los templos y casas de muchos pueblos de Costa Rica, e incluso de otros países. “¡Si usted supiera cuántas imágenes hemos hecho!”, expresa Guiselle Ríos, quien, junto con su esposo, tiene 25 años de ejercer el oficio de la imaginería como medio de sustento.

Sus hijas, hoy de 23 y 17 años, han crecido entre cinceles y brochas, contemplando la contemplación inerte de los santos.

Imposible recordar todas las imágenes sacras fabricadas, pero nunca olvidarán las más grandes que han hecho. La primera fue una imagen tríptica de nueve metros de alto con san Juan Bosco, santo Domingo Savio (sic) y Mamá Margarita. La segunda fue un Resucitado de cuatro metros y medio. “Vino un avión militar de Honduras a llevárselo, pero al final fue ‘torta’ porque no cabían los brazos. Tuvimos que cortarlo”, recuerda entre risas Guiselle.

Usualmente, José y su familia trabajan productos exclusivos en fibra de vidrio, un material difícil de manipular. Se comienza por colocar una armazón metálica en donde luego se chorreará el barro que, más tarde, se modelará para dar forma a la figura. Después, se cubre con un barniz especial. Finalmente, cuando la fibra de vidrio queda impregnada en la pieza, sale de ella un molde con el que se hacen las réplicas. “Las piezas de molde son las más rápidas”, explica José, quien afirma que en un máximo de cuatro días tienen listo un trabajo así. Sin embargo, ha confeccionado piezas que le llevan de dos a tres meses.

Si bien hacen imágenes de cualquier santo, Cristo o Virgen en la técnica que sea, las más demandadas son los crucifijos y la Virgen María Auxiliadora. En cuanto a precios, el rango es amplísimo: desde ¢40.000 hasta sumas millonarias. Por ejemplo, una imagen de San José en tamaño natural (1,70 metros) vale ¢1,5 millones, mientras que una estación del viacrucis cuesta de ¢150.000 a ¢200.000, según su complejidad. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-03-31/RevistaDominical/Articulos/RD3103-SACRO/RD3103-SACRO-quote|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} “Lo que más llena es crear. Que alguien tenga en su casa la creación de uno es de lo más bonito”, agrega el padre, quien trabaja por recomendaciones y nunca ha tenido que anunciarse para vender.

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