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El amor no tiene vacaciones

Actualizado el 23 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Todo amores siembraconstantede esperanza

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Así como no nos damos vacaciones en la aspiración a la felicidad, tampoco hacemos eso con el amor verdadero, que es su núcleo esencial: Lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado (Escrivá).Un corazón enamorado desencadena todas las fuerzas de la vida y nos lleva a pensar que somos capaces de superar el tiempo.

De antiguo se nos ha dicho en la Biblia que “el amor es más fuerte que la muerte”, precisamente por eso. Equivale a decir a la persona amada: “Para mí, tú no morirás”. Hay allí una promesa que se eterniza, que quiere convertirse en una cadena irrompible que sostenga la vida de quienes se aman. Y el nombre es “fidelidad”. Sin fidelidad no hay felicidad ni auténtico amor; son palabras profundamente cercanas y dependientes entre sí.

Un clásico griego, Eurípides, pone en boca de uno de sus actores –ante la pregunta “¿qué es el amor?”, la respuesta inmortal: “es lo más dulce y lo más amargo”, es luz y sombra que ilumina la vida sin enceguecerla, es esperanza de poseer sin fin el bien que se tiene, es querer no renunciar a la posesión que se tiene: la voluntad, el querer de otra persona anclado en mi querer. Lo que más nos importa es que contamos con ese querer y no queremos perderlo, no le concedemos vacaciones, sería dejar de vivir, suspender el amor al borde del precipicio por el cual se puede despeñar.

“Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección”, nos recuerda Saint Exupéry. Aunque se separen físicamente por un tiempo, las personas que se aman siguen amándose sin solución de continuidad. Aquí entra en juego la parábola del fuego y el viento y del amor y la distancia: si el fuego es poco, el viento que sopla apaga la llama; así pasa con el amor: si es poco, la distancia, lo hace pasar al olvido; si el fuego es fuerte, la llama se enciende y se extiende hasta convertirse en llamarada, en incendio; si el amor es fuerte, es verdadero, la distancia lo aquilata y lo hace crecer, y no le conviene darse vacaciones de ningún tipo.

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El dolor. Un separador que no es separador es el dolor: quien no quiera sufrir dolores/ que pase la vida libre de amores, cantaba hace siglos el juglar español. Y otro añadía: “Un amor con raíces/ que hacen crecer el corazón/ amor con lágrimas que fecundan la felicidad/, amor sin fecha/que apunta a la eternidad”.

Todo amor es siembra constante de esperanza, es un cheque en blanco, es disponibilidad sin interrupción, sin vacaciones, sin cortes, es lo único que puede apaciguar el alma, lo que da sentido a la pasión, lo único que verdaderamente atrae y subyuga. Es lo que se quiere; lo demás es un descamino: Hay que amar hasta el fondo y sujetar a las personas de muy dentro, con todas las fuerzas' Cuando uno ama a alguien siempre se le sobresalta el corazón al verlo o al oír algo sobre él. En resumen, creo que todo pasa, menos el amor(Marái).

Vida y muerte. Cuando se opera en nosotros un cambio y el eje de la vida está centrado en el otro, entonces podemos pensar en el para siempre como un propósito de vida que puede estar escrito en nuestro corazón, sin día y sin fecha, expresado por dos corazones, amor que se comparte, procurando que sea una fuente permanente de renovación, que un día y otro lucha por alcanzar lo más preciado: “te querré más allá de la vida y de la muerte”. Eso es posible si hay amor de verdad, pleno de sentimiento y dispuesto a sufrir los embates del dolor.

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