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Una alianza, ¿para qué y con quiénes?

Actualizado el 19 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Las alianzas electorales deben realizarse sobre principios fundamentales

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El editorial del diario La Nación del 15 de noviembre analiza lo que el editorialista denomina “La moda de las alianzas”, para significar los diversos esfuerzos que se hacen para procurar un acuerdo entre fuerzas políticas distintas a Liberación Nacional, de cara a las elecciones nacionales de febrero del 2014.

Esos esfuerzos tienen, ciertamente, su fundamento en la necesidad de ofrecer al electorado una opción más integrada, viable y robusta que la que hoy ofrece la dispersión de las fuerzas políticas opositoras a Liberación Nacional.

Todo parece indicar que la mayoría de los costarricenses – el 60% o más– reclama la unidad de la oposición en busca de mantener el principio de alternancia en el ejercicio del poder. Quienes dirigimos el Partido Unidad Social Cristiana hemos escuchado esa exigencia y tenemos la determinación de atenderla de manera transparente, responsable y constructiva.

Hasta hoy, los intentos a los que se refiere el editorial de La Nación parecen centrarse en las formas para alcanzar la alianza, en lugar de preocuparse por el contenido de estas. En nuestro caso, creemos que el establecimiento de alianzas electorales debe realizarse sobre la base de principios fundamentales que, en el caso de los socialcristianos, son los siguientes:

La honestidad: es indispensable que la honestidad vuelva a ser una cualidad natural de los políticos y no un atributo extraordinario de algunos pocos. La preminencia de la dignidad de los seres humanos en todos los campos.

La búsqueda del bien común. La preferencia por los pobres y los más vulnerables, el rol del Estado solidario y subsidiario, como garante de la justicia social. El reconocimiento de la iniciativa privada como generadora de prosperidad y crecimiento económico.

La no discriminación por razones de género, etnia, preferencia sexual, filiación partidaria, credo o cualquiera otra.

Bajo la guía de los principios señalados, sin que su enumeración sea exhaustiva, es necesario rescatar y dar nueva vigencia a ciertos términos que se fueron abandonando como si fueran antiguallas cuando, en realidad, son los rectores de la actividad política.

Tenemos que volver a hablar de justicia social, de equidad, de inclusión, de solidaridad. Esas no son ideas antiguas; son, por el contrario, exigencias ineludibles del presente y, aún más, del futuro. Debemos hablar más del ser humano, más de las personas, más de las familias y menos de los puestos por distribuir, del poder por asumir, del privilegio de gobernar.

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Hay que volver a pulir y reintegrar en el abecedario de la política los conceptos de honestidad, integridad personal, decoro y austeridad; estas no son “palabras gastadas”, son la guía ética y moral de la política y de la función pública. Esas deben ser las bases de una alianza electoral que determinarán el para qué y con quiénes se puede establecer un acuerdo. Sin ellas, cualquier iniciativa en este sentido será pretender construir un edificio en el aire, expuesto a que cualquier brisa lo derribe.

Probablemente para algunos políticos, lo hasta aquí dicho no los alcanza a ellos en lo personal ni a los partidos en que militan, pero, para quienes creemos que sí somos falibles y que sí hemos cometido errores, es imperativo un propósito de enmienda. También en política la humildad es necesaria.

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