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Y, ahora, ¿quiénes podrán ayudarlos?

Actualizado el 16 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Tal vez en política conviene mejor hablar de “clase social” que de “coalición”

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A mediados del siglo XX se estableció, con gran tino histórico, la práctica no de no hablar mucho sobre clases (sociales) en política nacional. Ese término, tomado de la experiencia europea occidental en la etapa más convulsa o salvaje de la formación del capitalismo (siglo XIX), tenía una serie de connotaciones que no se ajustaban a nuestra realidad. Por ejemplo, se creía que las relaciones entre propietarios y trabajadores costarricenses en curso de la primera mitad tenía el mismo carácter rígido y amargamente divisionista que se dio en Europa; peor todavía, tales formas emergentes se suponían necesarias y definitivas.

En otras palabras: el sistema capitalista pensado por numerosos costarricense era virtualmente independiente de los humanos que participaban en él; el primero formaba los segundos y no al revés. De manera que esas proposiciones adoptadas sobre él, se tomaban, no como dichos todavía sometidos a prueba y susceptibles de refutación, sino que se convirtieron en profecías autorrealizadoras.

Esta materia fue debatida intensamente dentro de la Iglesia católica (p. ej. León XIII) y fuera (caso del economista anglosajón Henry George); lástima que ninguna de las partes anticipó importantes descubrimientos posteriores sobre la dualidad de fenómenos y fuerzas socioeconómicas.

Hoy en día, las circunstancias son otras: se reconoce, por un lado, que la diferencia entre participantes en el proceso de producción no es –ni tiende a ser– simplemente “propietarios” versus “trabajadores”; y, más bien, hay una estratificación y diferenciación más compleja, como la descrita en nuestro artículo del 28/1/13. Y, frente a ese panorama, analistas sociales, como el brasileño Paulo Freire (1921-1997) y el norteamericano Harry Braverman, han propuesto opciones de cambio básico que permiten superar los errores sobre el sistema y sus rigideces antes descritos.

Tanto Freire como Braverman se ocuparon del estrato o conjunto de estratos más bajo de la sociedad. El primero los llamó “pobres y desamparados”, conforme a la sociología moderna; en cambio, el segundo los califica como “Ejército de Reserva Laboral”, dentro de la tradición de análisis socioeconómica marxista. Ambos autores, aplicando el concepto o identidad que nosotros designamos “técnicos y profesionales”, consideran que estos estratos tienen mayor afinidad con los trabajadores (incluyendo “pobres, desamparados y reserva laboral”); además, se posicionan favorablemente respecto a los propietarios (capitalistas y empresarios), para aportar la guía y el apoyo que los trabajadores requieren, a fin de incorporarse, más creativamente y dignamente a la transformación del sistema. En eso, mientras Freire habla sobre “educación para la libertad”, Braverman destaca las oportunidades del desarrollo técnico y tecnológico.

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Ante las propuestas del PAC y otras organizaciones políticas, (p. ej. artículo reciente de Juan Carlos Mendoza, La Nación 28/1/13, p. 48A), se me ocurre que convendría valorar si el concepto clase social recoge más y refleja mejor tales posibilidades y principios que el término coalición. Las partes descritas ¿estarán dispuestas a su discusión –sin complejos y prejuicios– entre sus instrumentos verbales, para elaborar leal y pertinazmente una sólida estrategia política económica nacional?

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