Muestras de afecto entre un hombre y una mujer, ¿por qué no?

 22 marzo, 2013

Dos casos, por opuestos, complementarios. El primero, la reacción negativa que se granjeó el Presidente de Irán por consolar cara a cara a la madre de Hugo Chávez: ¡contacto físico considerado pecado según códigos islámicos! El segundo es el afectuoso besito que el nuevo Papa le dio a la Presidenta de Argentina. ¡Positivo!

Cuando murió Pío XII, escándalo provocaron unas fotos en Paris Match: sin escrúpulo, su médico vio que podía sacar buen (?) dinero mostrando a su paciente entre tubos de oxígeno.

Eran otros tiempos, pero sigue la necesidad de proteger la intimidad, la privacidad.

Ahora Hollywood y la prensa nos acostumbran al sensacionalismo.

Cada vez más, el espectáculo, el potencial bordecito morboso. Para el vulgo tienen igual o más importancia el trasero de la Kardachian, el mal aliento del actor ese, las locuras (¡otra vez!) de la Lohan. Exhibicionismo barato.

Hicieron bien los jefes de estado citados en mostrar en forma natural su afectividad: es parte de la condición humana.

Muestras de afecto entre un hombre y una mujer, por qué no: ¿no nacimos todos de una mujer? Esta se encuentra lejos de ser respetada, con equidad, en las dos iglesias aludidas. Tarea pendiente.