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Atracción opera entre las 2 p. m. y la medianoche en los festejos de Zapote

La adrenalina y la emoción atraen a jóvenes a la tagada

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

El tiquete para subirse al juego cuesta ¢1.000; este dura tres minutos

Las personas de entre 14 y 30 años son las que más visitan la atracción

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La adrenalina y la emoción atraen a jóvenes a la tagada

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                         Un rótulo en las afueras de la tagada advierte que la empresa operadora no se hace responsable por accidentes. La edad mínima para subirse es de 14 años. | PABLO MONTIEL.
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Un rótulo en las afueras de la tagada advierte que la empresa operadora no se hace responsable por accidentes. La edad mínima para subirse es de 14 años. | PABLO MONTIEL.

Entre risas nerviosas y miradas angustiadas, 15 jóvenes se sujetan con todas sus fuerzas de las barandas metálicas de la tagada.

El operador del juego mecánico presiona varios botones y desata la furia de una de las atracciones más famosas de las fiestas de Zapote.

Durante tres minutos, el aparato menea, sacude y bate sin piedad a las personas hasta zafar zapatos, bajar pantalones y dejar a completos extraños abrazados con el fin de no caer de los asientos.

María Fernanda Vargas, de 27 años, se agarra con todas sus fuerzas, pero empieza a deslizarse. Segundos después está en el piso de la máquina, colgada de una pierna ajena.

Escenas como esas son las que atraen a decenas de espectadores, cada vez que se encienden los motores de la máquina. Algunos se acercan solo para reír, mientras que otros aplauden y hasta chiflan a quienes no soportan los golpes y terminan acostados.

“Yo nunca me había montado aquí. Pensé que era como la ‘bailarina’. Jamás me imaginé que no iba a poderme sostener. Me golpeé toda”, contó Vargas después de que terminó la sacudida.

A diferencia de otros juegos mecánicos, la tagada no tiene cinturones, por lo que las personas dependen de su propia fuerza para sujetarse durante los abruptos movimientos y los giros.

Aunque los moretones son frecuentes, la mayoría de los fanáticos de la tagada aseguran que la adrenalina hace que todo valga la pena.

“Una se golpea porque no lleva cinturón ni nada por el estilo, pero es muy divertido. Una siente que está en el aire. Hay muchísima adrenalina, y vale la pena”, relató Eugenia Núñez, de 16 años, quien se montó ayer por primera vez y repitió la experiencia unos minutos más tarde.

“Es demasiado bueno: uno tiene que agarrarse duro para no caerse. Ya me he subido como cuatro veces. Uno siente que va a salir volando”, agregó Adrián Arias, de 16 años, tras bajarse del juego.

Según César Espinoza, uno de los operadores de la tagada, de la empresa Playland Park, la máquina funciona con un máximo de 35 personas a la vez. Además, aseguró que la mayoría de quienes se suben tienen entre 14 y 30 años.

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El aparato opera desde el 25 de diciembre entre las 2 p. m. y la medianoche, y el tiquete cuesta ¢1.000. Hoy, domingo, será el último día de las fiestas populares.

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