Zapping: ¿Es esta la tele que nos merecemos?

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Mucho debería decir de nosotros, como audiencia, que lo más memorable de la televisión costarricense de fin de año sea el traumatizante recuerdo del pantalón intravenoso de Bryan Ganoza.

Dejémonos de lamentos, que si las dos grandes televisoras de este país nos trataron en sus trasmisiones como si todos fuéramos gradería de sol es porque, en el fondo, todos somos gradería de sol..., nos guste o no.

Si no, cómo diantres explicar que la peor versión que se ha emitido en años de El Chinamo se adueñara, sin dificultad, del rating de diciembre. El problema no es de Teletica, que encontró la receta para vender todos los años el mismo programa y si acaso cambiarle las hojas en que lo envuelve. No, la culpa es de todos los que dicen, por medio de su sintonía, que producciones tan malas sí son aceptables, que sí está bien seguir viendo la misma mona vestida de seda año con año.

Si bien El Chinamo gozó de nutrida audiencia, irónicamente se debe a la adopción, por parte de sus productores, de la fórmula ecuatoriana implantada desde hace más de una década por Repretel. Véalo con calma: el programa estrella de la televisora de La Sabana en el 2012 fue un híbrido entre la escuela de animación de A todo dar y la pista de baile de Combate .

El asunto se hizo extensivo a las transmisiones de las corridas de toros, adornadas con una Cristiana Nassar (otra exalumna de Repretel) tan escandalosa como intrascendente. Y fue ahí, en la arena del redondel de Zapote, donde Teletica hizo el copy-paste de la competencia, poniendo a Ganoza a menear aquel armario de cuerpo para el placer de las masas, tal y como lo hizo por meses en las noches de Canal 11.

Repretel, que hace años tiró la toalla en cuanto a revistas de variedades bullangueras para diciembre, limitó la charanga a sus transmisiones taurinas. Ahí su trapito de dominguear fue el elenco de Pelando el ojo , del cual sentí un poco de pena al verlo mezclado en esas funciones.

Al mando de Norval Calvo, Pelando el ojo está solo en su género, no solo en la radio, sino en todo el medio nacional cuando de mezclar humor y actualidad se trata. Su espacio diario en Monumental es divertido, analítico, informativo y referente. Estamos claros que no se trata de la crítica mordaz de la aún extrañada La patada , pero sí de un programa inteligente y entretenido.

Dicho lo anterior, poner a un elenco de tal calibre a “animar” una corrida de toros es, a todas luces, un desperdicio. ¿No sería mejor pensar en una versión televisiva de Pelando el ojo , cercana más bien a un formato como el de Saturday Night Live ?

Entre toros, chinamos y combates, en diciembre se da por sentado que el tico vive de pan (chifrijo) y circo (chistes homofóbicos y xenofóbicos, traseros tallados, gritos y canciones con aliento a guaro). Y no nos engañemos con que eso solo se consume en los barrios marginales, pues la oferta televisiva estuvo presente en todas las cenas de Navidad, y especialmente en las que hubo pavos o piernas de cerdo.

El costarricense, como televidente, se conforma con poquito, especialmente en el último mes del año, cuando el cerebro se desconecta y el estómago es el que manda. En esos días de tamales y amigos secretos, los micrófonos y las cámaras están para la parranda, disfrazando de novedad las mismas “ideas” desteñidas por tanto reciclaje.

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