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Y¿con qué?

Actualizado el 23 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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El dicho “¿con qué se sienta la cucaracha?” era en otro tiempo una expresión más áspera y servía para bajarle los humos a cualquiera que manifestara pretensiones fuera de proporción con sus méritos o sus recursos. Lo recordé en su forma irreproducible tras leer los comentarios de los columnistas González y Guardia sobre los precandidatos oposicionistas a la presidencia de la República que ambos clasifican acertadamente como los del “margen de error”. Obsérvese, eso sí, que tales especímenes no se encuentran únicamente dentro de los partidos de oposición: algunos nadan aún en el PLN, pero se trata tan solo de sardinas en un mar en el que el oleaje del acorazado Araya ya acabó hasta con las ballenas. Por otra parte, en estos días surgió, de pronto, la necesidad de redefinir el concepto de “error” que se aplica a este caso, pues a los microcandidatos del PUSC y –tres eran tres– del PAC que en las encuestas despiertan un interés inferior al margen de error, parecen haber querido sumarse dos precandidatos de mayor peso, aunque solo potenciales, del PAC que incurrieron en dos graves deslices retóricos: Ottón Solís y Epsy Campbell.

Solís el Grande, al que Dios no llamará a filas mientras Orozco no suelte el teléfono que comunica directamente con Él, y Campbell, podrían haber adelantado su naufragio definitivo por haber dado a la prensa sendas declaraciones que los retratan mal en un millón de pixeles. El primero, al apoyar –puede que con razón– un indulto, le dedicó al respeto a la vida humana un himno que se lo habría envidiado Idi Amín; y la segunda, al señalar con todo el énfasis del mundo que “no voy a renunciar a mi cuota de poder”, enunció una oda a la humildad que ni el pastor poeta Miguel Hernández podría escribir.

Partamos de que en el irresponsablemente atomizado campo de la oposición no ha aparecido más argumento aglutinante que la consigna sin contenido, rotunda pero tonta, de “hay que derrotar a Liberación”, sigue faltando un planteamiento serio sobre lo que semejante tribu de caciques pigmeos haría si lograse vencer al PLN y, cuanto más nanoprecandidatos vayan apareciendo, más rala y menos nutritiva se volverá la incomible sopa electoral que está convirtiendo en mafaldistas a muchos costarricenses. Y claro está, desde el desencanto político de un pueblo tan salado que ni el gordo de Navidad le sale (lo único gordo que no se vendió en este país, opinaba un amigo) a ciertos autoproclamados líderes solo podemos preguntarles con qué se sienta la cucaracha.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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