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Actualizado el 20 de abril de 2013 a las 12:00 am

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En el 2010, a escasos 5 meses de iniciado el mandato de la presidenta Chinchilla, el problema era de comunicación, según el entonces ministro de la Presidencia, Marco Vargas. “Si algo nos han venido apuntando como una debilidad, ha sido la comunicación.(...) Nos hemos dedicado más a trabajar que a comunicar”, afirmaba el ministro. En consecuencia, el Gobierno firmó un contrato por ¢70 millones con la empresa de publicidad Insignia NG Comunicación, de modo a “refinar” los mensajes presidenciales.

Desde entonces, lejos de mejorar, es evidente que la popularidad del Gobierno no ha dejado de menguar. Una fallida reforma fiscal, cuestionamientos a varios ministros, entre los cuales el exministro de Hacienda Fernando Herrero , por no declarar el monto real de sus propiedades, la red de corrupción en las obras de “la trocha” en la frontera con Nicaragua, la reciente crisis por la cuestionada concesión de la carretera San José-San Ramón a la empresa OAS, y el cerco policial impuesto a manifestantes y ciudadanía en general durante las festividades del 11 de abril, son algunos de los hechos que, aunados a una inoportuna respuesta por parte del Gobierno, han carcomido su imagen.

Un periódico digital oficial para divulgar “buenas noticias” y ¢220 millones más destinados a mejorar la estrategia de comunicación en redes sociales de poco han servido. Si para el 2010, Presidencia proyectaba utilizar ¢526 millones en publicidad y propaganda, en el 2013 el presupuesto destinado para este mismo efecto asciende a ¢1.100 millones, un aumento del 66% con respecto a lo presupuestado para el 2012, y del 100% comparado con el 2011.

Sin embargo, el fuego de la reprobación popular no se apaga con billetes. Al contrario, todo ocurre como si el deterioro de la imagen del Gobierno fuese inversamente proporcional a los millones destinados a mejorarla. Así lo revelan reacciones en redes sociales y medios de comunicación, tras darse a conocer que Presidencia añadirá a los gastos citados ¢160 millone s. Es decir, lo primero que debería hacer el Gobierno para mejorar su imagen es dejar de mostrarse tan preocupado por esta, y atender los problemas con mayor asertividad y transparencia.

Centrar los esfuerzos en la comunicación, solo tiene resultados si se parte de este supuesto básico: la administración hace las cosas bien, pero las comunica mal. Si, en cambio, el Gobierno toma las decisiones equivocadas y no responde adecuadamente a las situaciones de crisis, la propaganda producida no será más que billetes lanzados al viento, con lo cual ni el Gobierno recupera la confianza de la ciudadanía, ni esta siente que se estén destinando recursos verdaderamente urgentes para resolver problemas de fondo. En suma, todos salimos perdiendo. Todos, excepto las empresas de comunicación contratadas por el Gobierno.

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