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Vida, muerte y déficits

Actualizado el 19 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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                         Activistas muestran pancartas contra la reducción presupuestaria de algunos programas sociales.  La edad completa para la jubilación en Estados Unidos ya subió a los 66 y está programada para elevarse a 67. | ARCHIVO
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Activistas muestran pancartas contra la reducción presupuestaria de algunos programas sociales. La edad completa para la jubilación en Estados Unidos ya subió a los 66 y está programada para elevarse a 67. | ARCHIVO

El panorama político de los Estados Unidos está infestado por muchas ideas zombies: creencias respecto a políticas que han sido refutadas repetidamente con evidencia y análisis pero que se rehúsan a morir. El zombie más prominente es la insistencia en que los impuestos bajos para la gente rica son la clave para la prosperidad. Pero hay otros.

Y en este preciso momento el más peligroso de los zombies probablemente sea la afirmación de que la creciente expectativa de vida justifica elevar tanto la edad de jubilación en la Seguridad Social como la edad para ser elegible a recibir atención médica mediante Medicare. Algunos demócratas –incluyendo, de acuerdo con algunos informes, al presidente– han parecido susceptibles a esta argumentación. Pero es una idea cruel e insensata –cruel en cuanto a lo de la Seguridad Social e insensata en el caso de Medicare– y no podemos permitir que carcoma nuestros cerebros.

En primer lugar, uno necesita entender que, si bien la expectativa de vida al nacer ha aumentado mucho, eso no es relevante en este asunto; lo que importa es la expectativa de vida para aquellos que ya están o se acercan a la edad de la jubilación. Cuando, para poner un ejemplo, Alan Simpson –el copresidente del comité de déficit de Obama– declaró que la Seguridad Social “nunca se concibió como un programa de jubilación” porque la expectativa de vida cuando se fundó era de solamente 63 años, estaba dando muestra de su ignorancia. Incluso en 1940, a los estadounidenses que llegaban a los 65 años por lo general todavía les quedaban muchos años.

Ahora, la expectativa de vida a los 65 años también ha aumentado. Pero ese aumento ha sido muy irregular a partir de la década de 1970, cuando solamente los relativamente ricos y los bien educados notaban grandes beneficios. Hay que tener en cuenta, también, que la edad completa para la jubilación ya ha subido a los 66 y está programada para elevarse a 67 de acuerdo con la ley actual.

Esto significa que cualquier aumento adicional en la edad de retiro sería un rudo golpe a los estadounidenses que están en la mitad inferior de la distribución de ingresos, que no están viviendo por mucho más tiempo y quienes, en muchos casos, tienen empleos que requieren esfuerzo físico que es difícil incluso para las personas mayores saludables. Y son estas precisamente las personas que más dependen de la Seguridad Social.

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Por lo tanto, cualquier aumento en la edad de pensión de la Seguridad Social sería, como dije, cruel, golpearía a los más vulnerables de los estadounidenses.

Y esta crueldad sería injustificada: mientras los Estados Unidos no tengan un problema presupuestario de largo plazo, la Seguridad Social no es un factor importante en ese problema.

Medicare, por otra parte, sí es un gran problema presupuestario. Pero elevar la edad para ser elegible, lo que significa obligar a los ancianos a buscar seguro privado, no significa de ninguna manera lidiar con ese problema.

Es cierto que gracias a Obamacare los ciudadanos mayores deberían en realidad obtener seguro aun sin Medicare. (Pero, ¿que sucede si un buen número de estados obstruye la expansión de Medicaid que es una pieza crucial del programa? Tenemos que ser claros: el seguro del gobierno por medio de Medicare es mejor y más eficiente en cuanto a costos que el seguro privado.

Uno podría preguntarse por qué, en tal caso, la reforma en salud sencillamente no extendió Medicare a todo el mundo, como opuesto a establecer un sistema que continúa dependiendo de aseguradoras privadas. La respuesta, por supuesto, es realismo político.

Dado el poder de la industria de los seguros, la administración Obama tenía que mantener a esa industria en el redil. .

Pero el hecho de que Medicare para todos pudiera haber estado fuera de alcance político no es razón para sacar a millones de estadounidenses a empellones de un buen sistema para meterlos en uno peor.

¿Qué sucedería si subiéramos la edad de elegibilidad para Medicare? El Gobierno federal ahorraría solo una pequeña cantidad de dinero, porque los adultos mayores más jóvenes son relativamente sanos y por tanto de bajo costo.

Mientras tanto, sin embargo, esos ciudadanos mayores enfrentarían costos extras marcadamente más altos. ¿Cómo se iba a considerar a esta solución de compromiso una buena política?

En pocas palabras, elevar la edad de elegibilidad para los beneficios de la Seguridad Social o de Medicare sería destructivo, empeoraría las vidas de los estadounidenses sin aportar en ninguna forma significativa a la reducción del déficit. Los demócratas, en particular, que siquiera piensen en una de esas opciones necesitan preguntarse qué demonios piensan que están haciendo.

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Pero, preguntan los que reprenden el déficit, ¿qué propone la gente como yo hacer respecto al aumento en el gasto? La respuesta es hacer lo que cualquier otro país desarrollado hace y esforzarse seriamente por poner rienda a los costos en atención médica.

Den a Medicare la capacidad para negociar los precios de los medicamentos. Dejen a la Junta Asesora Independiente de Pagos, creada como parte de Obamacare para ayudar a controlar los gastos de Medicare, hacer su labor en vez de gritar “paneles de la muerte”. (Y, ¿no resulta raro que la misma gente que demagógicamente intenta ayudar a Medicare a ahorrar Money esté dispuestas a del todo sacar a millones de personas del programa?).

Sabemos que tenemos un sistema de atención médica con incentivos distorsionados y costos inflados, entonces ¿por qué no tratamos de repararlo?

Lo que sí sabemos de hecho es que no hay un buen argumento para negar a los estadounidenses mayores acceso a los programas de los que dependen.

Esta debe ser una línea roja en cualesquiera negociaciones sobre el presupuesto, y solo podemos esperar que Obama no la cruce y traicione a los que lo apoyaron.

Traducción de Gerardo Chaves para La Nación

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.

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