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Viaje hacia uno mismo

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

Caminata . Sofía Ruiz parte de la infancia y llega a muchos sitios en una amplia exposición ofrecida en los Museos del Banco Central

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A la casa de Sofía Ruiz se llega después de avanzar por una serpentina y estrecha calle en San Lorenzo de Flores, Heredia. Sobre un pastoso lote familiar se acomodan cuatro casas. En la última, al fondo, habita Sofía: paredes blancas, instrumentos musicales, algunos gatos regados por el jardín y una perra inquieta que se llama Mía.

El paraje podría ser irrelevante, mas lo cierto es que desde él sale y en él acaba un camino que recorre la obra de esta joven aunque profusa artista costarricense.

Sofía Ruiz se introdujo a inicios de milenio en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica después de curiosear en la ingeniería química y la filosofía.

Preocupada por los procesos y las meticulosas ejecuciones, partió en busca de líneas, manchas y temas que le otorgasen un estilo propio. Quería hacer de todo, dice hoy, cuando también acepta que el ímpetu le regaló “obras desastrosas”.

Descubrió que el retrato y el dibujo a lápiz le venían bien. Continuó. Encontró colores, aceites, acrílicos, brochas, grabados; y, más adelante, empujada por el interés hacia los retratos, se dejó sorprender por las fotografía antiguas.

Buscó imágenes de su familia y descubrió que de su infancia había pocas..., casi ninguna. Así, pronto se encontró recorriendo una serpentina y estrecha calle, abriendo pasajes de su memoria hasta dar con recuerdos de la infancia, dibujados en este mismo lote pastoso donde creció con su papá, su mamá y sus dos hermanos.

En esa ruta de exploración fueron quedando lienzos que hoy reúne en la muestra más amplia de su carrera, Yo soy los otros: Una fisonomía propia , exhibida en los Museos del Banco Central.

La muestra convoca obras de seis series, dos de ellas inéditas. Son treinta pinturas que abordan cómo la identidad puede construirse a partir de un viaje introspectivo y autobiográfico.

Aquí no se capta la influencia de las grandes marcas, de la comida chatarra, de las promesas políticas o la diversidad sexual. Aquí estamos ante la mirada de una artista que se descubrió frente al espejo de sus recuerdos, donde observó juegos y sonidos, mascotas y anhelos, enfermedades y carencias...

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“El abordaje de Sofía Ruiz se ha singularizado por concentrarse en la formación de la identidad individual, en cómo se constituye la subjetividad en los individuos”, apunta la curadora de la exposición, María José Monge.

La propia artista lo resume así: “Me nutro de mi vida. Cuando mi vida cambie, mi obra lo hará”.

Serios infantes. “Como artista, me gusta meterme en las heriditas que uno tiene. Creo que así salen cosas más personales y más propias”, dice Sofía Ruiz en la sala de su casa, a pocos metros de su taller, donde suele pasar horas nocturnas pintando al ritmo de The Cure o The Knife. También la acompañan sonidos de cuerdas creados por su esposo, músico.

En el amplio taller hay parchones de pintura por el piso. Sobre el caballete salta la mirada asustadiza de una adolescente en blanco y negro. Es la obra en la que trabaja actualmente esta prolija creadora. Cinco años de labor ya le bastan para colmar las paredes de los Museos del Banco Central; es la artista más joven en hacerlo

“Las cosas pasaron, y ya”, responde al preguntársele si acaso mirar hacia atrás es un remedio contra los malos recuerdos. “No sana, pero lo lleva a una a comprender muchas cosas”, añade.

Cuando Sofía Ruiz descubrió la escasa cantidad de fotos de su infancia, optó por inventarlas. De tal modo nació la primera de sus series, Asuntos de familia (2008), una suerte de álbum familiar creado a partir de resquicios.

“Mis primeros retratos tenían la intención de captar una imagen, pero poco a poco fui centrándome en la intención de contar lo que hay detrás de ellas”, reconoce.

Los personajes figuran en posiciones típicas del retrato, pero en las obras prevalece la tensión gracias a recursos propios de la pintura, como fondos difusos y el uso de la mancha en las vestimentas. Así, la artista busca resaltar la falsedad de la familia ideal. “No hay estereotipos en la familia. Cada familia es única, y, por esto, cada persona es única”, sostiene.

El universo familiar toma fuerza en las series El jardín del inconsciente (2009) y Refugios mentales (2010), donde la creadora apela a los recuerdos de la infancia para “narrar lo olvidado, lo perdido”.

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Sofía nació en 1982. Cuando tenía cuatro años, su madre padecía amnesia. “Una de las motivaciones implícitas en mi trabajo ha sido recuperar parte de esas vivencias infantiles, así como la necesidad de incluirme en las fotos en las que no aparecía de niña”, ha escrito Ruiz.

En la obra Otra familia normal, Sofía retrata a su madre y se incluye a sí misma en la figura del bebé.

“Mis padres la pasaron muy mal en ese tiempo, y a esto se deben las pocas fotos de mi infancia”, refiere la artista. Ella sugiere que, más que recordar su infancia, sus pinturas son recuerdos sobre la infancia. “Quien pierde la memoria pierde la identidad”, continúa.

Entre los mayores rasgos de la obra de Ruiz destacan las expresiones faciales de los niños: ásperas, llenas de rigidez y angustia.

“Siempre me consideré una niña seria y aislada. Era muy independiente para la edad que tenía”, reconoce Sofía. La serie Realidad y juego es particularmente expresiva en este sentido.

En esas obras, Sofía Ruiz se interesa por el rol del juego en la niñez: una conexión entre lo real y lo maravilloso, un generador de mundos paralelos al mundo real.

Efigies es la serie que cierra la exposición. La curadora María José Monge sostiene que en este trabajo, aún en proceso, se vislumbra una inflexión en la forma en la que Ruiz ha interpretado la identidad:

–Si Realidad y juego focalizaba su atención en la facultad humana de creación de realidades, en este caso se concentra en una de las formas en las que se materializan esas realidades: las efigies.

Sofía Ruiz se preocupa por crear reacciones en el espectador. No soporta ver pasar a alguien al lado de un cuadro sin detenerse.

Su discurso de inauguración en el museo fue breve. Solamente agradeció el apoyo e invitó al auditorio a ver sus obras. Ahora, dice, hará visitas a escondidas para captar reacciones.

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