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Ventanas de oportunidad

Actualizado el 19 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Aprender, más que acumular conocimientos, es desarrollar capacidades de acción

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Los entusiastas del análisis de sistemas sostienen que debemos observar las situaciones desde una perspectiva integradora, sin perdernos en minucias; suelen decir que “debemos retroceder lo suficiente como para ver el bosque completo, en lugar de solo los árboles”.

Peter Senge –una autoridad en sistemas– sabe que la tarea es complicada y reclama que “la mayoría de nosotros, cuando retrocedemos, solo vemos un montón de hojas...”.

En esta línea, la noción de “conceptos umbral” ( threshold concepts ) ganó fuerza en el Reino Unido a partir de un estudio nacional sobre enseñanza y aprendizaje en la universidad (2003). La principal conclusión del estudio fue que la maestría en cualquier disciplina –la capacidad de ver el “bosque completo”– dependía del dominio profundo de un conjunto de conceptos cruciales.

Así, por ejemplo, dominar las nociones de costo de oportunidad, flujo circular y elasticidad es esencial para los futuros economistas, tal y como el concepto de deformación plástica lo es para los ingenieros mecánicos y la idea de límite para los matemáticos.

Luego, la clave no son los programas atiborrados de contenidos, donde a los estudiantes se les da “un barniz” de 100.000 temas –¡un montón de hojas que no dejan ver el bosque!–, sino aquellos que efectivamente articulan los conceptos centrales de la disciplina.

Bien definidos, estos “conceptos de umbral” se convierten en las “joyas del currículo” de cualquier carrera universitaria. Y aquellos estudiantes que logran dominarlos dan el salto a la genuina maestría en su campo (de los otros, se dice que “pasaron por la carrera, pero esta no pasó por ellos”).

De la pedagogía (ciencia de la Educación) surge la didáctica (técnicas y métodos de la enseñanza) y de esta proviene la didáctica universitaria, un arte históricamente ignorado.

La idea es que basta con ser un graduado universitario para dar clases en la universidad.

Esto es un grave error pues, como decía el maestro argentino Mantovani en 1947, “Es un prejuicio suponer que el que domina un saber está dotado de la aptitud para enseñarlo”.

En la Universidad de Stanford iniciaron con las prácticas de microenseñanza ( microteaching ) en 1963, como la base de un proceso sistemático de mejoramiento de la calidad didáctica de sus docentes.

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En una sesión típica de microenseñanza, un grupo de profesores se reúne con un facilitador; cada profesor imparte una lección de quince minutos y recibe una retroalimentación detallada de su desempeño.

Por supuesto, el mejoramiento no llega al instante, sino merced a múltiples sesiones en las que se escucha y se corrige, se reflexiona y se intentan cosas nuevas.

Aunque parece sencillo, el proceso depende de capacidades escasas (humildad, escucha y deseo de mejorar) o adormecidas (curiosidad y altruismo, es decir, genuino deseo de ayudar a otros).

Los de Stanford tenían claro que de poco sirve un profesor que sepa mucho de su disciplina, si no la sabe enseñar: bien dice el dicho que “los mejores pozos no son necesariamente los más profundos, sino los que disponen de cubo y cuerda”.

La “Enseñanza para la Comprensión” (EpC) surge en la Universidad de Harvard, a finales del siglo pasado, como una forma de superar el “aprendizaje” tradicional, basado en absorber contenidos.

La EpC sostiene que aprender, más que acumular conocimientos, es desarrollar capacidades de acción. Luego la comprensión es un desempeño, que se presenta cuando la gente puede pensar y actuar con flexibilidad a partir de lo que sabe.

La EpC incorpora cuatro pilares: los temas generadores (que, volcados en preguntas, impulsan la búsqueda de la comprensión), las metas de comprensión (que clarifican lo que el estudiante debe entender), los desempeños (presentaciones y proyectos, que evidencian el logro de la comprensión y compiten con el examen clásico) y la evaluación continua (“soy evaluado por el profesor, por mis compañeros y me autoevalúo”).

En Costa Rica hay decenas de universidades, en las que miles de personas dan clases. Aunque hay para todos los gustos, lo cierto es que todas estas instituciones y personas tienen oportunidad de mejorar. Y todas están llamadas a hacerlo.

De ahí la importancia de la EpC, los conceptos de umbral y la microenseñanza: estas iniciativas son ventanas de oportunidad, por las que podemos asomarnos a la excelencia, la innovación y el mejoramiento.

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