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Vencer la oscuridad

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

En la verdady la transparencia comienza la victoriade la libertad

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Imposible permanecer en silencio cuando la coyuntura del país exige tensar al máximo las fuerzas intelectuales y éticas. Es necesario recuperar el rumbo perdido. En esta hora de la historia costarricense no olvidemos dos consejos del maestro Omar Dengo: Soñemos el porvenir, saquémoslo “del alma de las actuales generaciones con todo el oro que allí acumuló el pasado” y preparemos “'los himnos de la renovación que viene”.

Disimulo y camuflaje. La no reelección del magistrado Fernando Cruz no equivale a un golpe de estado. Como ha sido explicado en reiteradas ocasiones el Estado de derecho esta vigente y en su marco se resolverá el conflicto entre los poderes legislativo y judicial; sin embargo, conviene referirse a la coyuntura suscitada por la equivocada decisión de 38 legisladores. Útil es recordar, como lo hace el editorial de La Nación correspondiente al 21 de noviembre, que los partidos políticos han mostrado un grado superlativo de oportunismo e hipocresía al declararse defensores de la independencia judicial o promotores de la renovación de la Sala Constitucional, según sean sus intereses y conveniencias, lo que evidencia la debilidad de su compromiso con los principios que dicen defender.

En el mismo sentido resulta poco serio e irresponsable hablar de “fuerzas oscuras” y/o “subterráneas” negándose a identificarlas, o mostrarse como defensores de la Sala Constitucional cuando hace pocos años se la calificaba como parte de una dictadura mediática y transnacional, a la que pertenecían también el Tribunal Supremo de Elecciones y el Poder Ejecutivo. Se ha solicitado renovar a la Sala Constitucional, pero quienes lo hacen no han sido capaces de renovarse a sí mismos ni tampoco han ofrecido soluciones reales a los desafíos de la sociedad. La incoherencia y el cinismo son epidemias nacionales. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién es transparente? ¿Quién habla en nombre del bien común y no sólo de su interés privado, grupal o institucional? La verdad es siempre la mejor estrategia de comunicación, por eso debe abandonarse la política del disimulo y el camuflaje. Que desaparezcan todos los disfraces y resplandezca la realidad.

Autonomía. Es cierto que una mayoría parlamentaria hizo uso de la potestad a la que tiene derecho cuando resolvió no reelegir al magistrado Cruz, pero es de sentido común suponer que el ejercicio de tal facultad implica un análisis sociopolítico y jurídico que fundamente cualquier decisión. Tal fundamentación, en caso de que exista, no ha sido explicada, está ausente. Lo único que se ha escuchado es que en la decisión parlamentaria se trató de un llamado de atención y una advertencia a la Sala Constitucional, lo cual, a todas luces, obedece al uso del poder sin otra finalidad que el poder mismo, lo que vulgariza el quehacer político hasta niveles insospechados de mediocridad. Ojalá se trate de una torpeza, y no de una mentalidad ajena a la cultura cívica y pluralista de nuestra sociedad.

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Los poderes del Estado tienen distintas funciones, deben comunicarse y coordinarse, pero en ningún caso uno de ellos puede someter a otro. Que existan diferencias de criterio entre las personas que encarnan el principio de autoridad en los poderes estatales, y que en última instancia muchas decisiones se tomen en función de las correlaciones de fuerzas internas y externas, es algo normal, inevitable, pero nada de esto justifica imponer una decisión apelando al hecho de que se tiene el poder para hacerlo.

Transparencia y verdad. Lejos de cuestionar al Poder Judicial, los diputados y diputadas han logrado profundizar el descrédito de la Asamblea Legislativa y del Poder Ejecutivo. Si a esto se une el aumento de la desigualdad social, el estancamiento de la pobreza, el empobrecimiento de las clases sociales medias y la extrema lentitud e ineficiencia del estado, se comprende que Costa Rica experimenta un momento difícil de su historia. Difícil pero superable, no estamos en un laberinto sin salida, pero la salida pasa, necesariamente, por un consenso básico y mayoritario (de todos los partidos políticos y de todos los movimientos sociales) en torno a unas pocas pero trascendentales decisiones. Los costarricenses debemos recordar que la oscuridad se disipa cuando se enciende la luz ¿Qué significa en este momento encender la luz? Ser transparentes y hablar con la verdad, lo demás viene por añadidura.

La patria es una conciencia superior, cierta y diáfana, centrada en el ideal de la libertad que conduce a la justicia, y esto no lo anula una voluntad política –o de cualquier otra índole– circunstancial y calculada.

Raíces. En el marco de los anteriores conceptos es imperativo corregir lo actuado en el caso del Dr. Fernando Cruz, producir otra ley de delitos informáticos tomando como insumo principal la propuesta del Colegio de Periodísticas, aprobar reformas y apoyos que eleven la calidad y eficiencia del Poder Judicial y de la Sala Constitucional, elevar el nivel ético e intelectual de los políticos. Como inspiración de todo esto y de cualquier otra transformación social positiva, es imprescindible cerrar filas en torno a las raíces de la convivencia democrático-liberal. Aquí algunas:

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Primero: La voluntad política, sea individual o grupal, está subordinada a la ley y la Constitución, pero la Ley y la Constitución existen en función del servicio a la sociedad, y de la dignidad y libertad de las personas. No puede cultivarse la democracia cuando se trastoca esta decisiva correlación.

Segundo: La gobernabilidad es responsabilidad colectiva, imposible endilgarle su ausencia a una parte de la sociedad como si las demás no tuviesen nada que ver. Es cínico mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. La sociedad costarricense esta urgida de una autocrítica profunda que conduzca a un cambio de fondo, estructural de su funcionamiento. Pero esto debe producirse no sobre la base de la dialéctica amigo-enemigo que introduce la división, sino en la conciencia de que la patria es responsabilidad compartida. La patria es más que cada persona y/o grupo que la forma, y ese “más” es lo que nos une y nos hace hermanos, hacedores del destino común. Alguien puede decir que lo anterior es irreal, pero es preferible esta irrealidad antes que envenenar el aire con el olor del odio.

Tercero: Debe la ciudadanía materializar la Constitución Política, traducir en hechos cotidianos el pacto social ahí establecido. En la ruta que conduce a ese objetivo la incapacidad del Estado para contribuir a lograrlo, así como la ausencia de encadenamientos productivos que fortalezcan a los pequeños y medianos empresarios o el hecho de que más de un millón de compatriotas vivan en condiciones de pobreza y pobreza extrema, constituyen obstáculos que deben removerse. Decidir y actuar para superar estas insuficiencias contribuye más a la gobernabilidad que cualquier discurso, grito o gesticulación.

En medio de la oscuridad esforcémonos por ser veraces y transparentes, encendamos la luz de la libertad que lleva a la justicia. No necesitamos odios ni violencias, nos asiste la férrea voluntad de ser libres para dejar los disfraces y el subdesarrollo.

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