Archivo

En Vela

Actualizado el 24 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Archivo

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Jorge Vargas Cullell, autor de la columna Enfoque, en La Nación, escribió ayer: “En Costa Rica todo presidente tiene que andar pulseando de dónde saca plata para montar su equipo”, desde mendigarles a “potencias externas o a bancos multilaterales” para salir de apuros, hasta quedarse solo y solitario, cuando no fluye el dinero y, peor aún, nos ronda el fantasma del déficit fiscal desde los primeros días del gobierno.

Los ticos nos enorgullecemos del voto de pobreza que todo presidente debe formular al ganar las elecciones o al integrar su gabinete o su equipo de trabajo. Desembocamos así en una paradoja: se les exige al gobernante y a sus ministros eficiencia y desempeño ejemplar, pero se les priva de los recursos necesarios para dar cima a sus proyectos. Por otra parte, la selección de sus colaboradores no da lugar a la búsqueda de la excelencia, dados los bajos salarios, sobre todo si se comparan estos con los que reciben quienes laboran en las instituciones autónomas o en las empresas privadas. Las diferencias son, a veces, abismales u ofensivas.

Luego, en el ejercicio de sus funciones la crítica se ceba en los ministerios, mas no así en las otras instituciones del Estado. Los altos funcionarios del gobierno suelen ser el blanco del reproche. Los otros, en cambio, disfrutan de un trato diferente. Los diputados suelen tener en la mira a los ministros, mas no así a los presidente ejecutivos o a otros funcionarios. Estas diferencias, recogidas por el sistema legal del país, crea una patente desigualdad en la función pública, en desmedro de la atención que merecen los sectores más necesitados del país o los mejores funcionarios.

Por otra parte, desde antes de juramentarse, un fantasma persigue a los más altos funcionaros del Gobierno central y a los ministros: la envidia y la mezquindad. Estos son los malos de la película, lo que se advierte principalmente en la tramitación y discusión del presupuesto nacional. Estos factores hacen que sea tan difícil para un gobernante responsable seleccionar a su equipo, pues la lista de los aspirantes mediocres no tiene fin, mientras que los mejores deben pagar una elevada cuota de sacrificio.

PUBLICIDAD

Hay otras causas de la crisis existente en la función pública, pero la referente a los salarios, por estar conectada con la calidad y la excelencia, merece atención particular. Si los gobiernos tienen que “andar pulseando de dónde sacar plata para montar su equipo”, los ganadores, entonces, serán los mediocres y un manto de desigualdad corroerá la función pública. No se trata de comprar un avión para el decoro presidencial, sino de una reforma radical de la función pública en aras de la excelencia y la justicia.

  • Comparta este artículo
Archivo

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota