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Actualizado el 10 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Una de las cuestiones, motivo de escándalo en este país bendito, es la publicación de la Memoria Anual de la Contraloría General de la República en la que esta se somete al control político del Poder Legislativo y se comunica con el pueblo que, por este medio, puede valorar la gestión de sus representantes.

¿Por qué esta publicación representa un escándalo? El lector puede comprobarlo de una manera muy simple: preguntando, no a la gente en general, sino a los dirigentes políticos del país. Allí se darán cuenta de que estas memorias o informes, como acto de medición o valoración de la responsabilidad ciudadana, por lo que atañe al conocimiento y control de la cosa pública, parecieran infructuosas. ¿No es esto corrupción política?

Es fácil calcularlo. La Memoria contiene una radiografía cabal “sobre asuntos de suma trascendencia”, como “la organización y funcionamiento del Estado y la gestión y control de la Hacienda Pública frente al desarrollo nacional y el bienestar general' el fortalecimiento del control y gestión presupuestarios en el gobierno, la sostenibilidad del sistema de pensiones”, así como sobre “los retos en la prevención y sanción de faltas a la Hacienda Pública”. Se destaca, asimismo, “la transparencia como tema central' como mecanismo para prevenir la corrupción, fortalecer el control y la confianza ciudadana e incidir positivamente en la administración del erario público' y el movimiento correspondiente del año económico”.

Basta hojear la Memoria de la Contraloría y cotejarla con el acervo de noticias diarias sobre el desempeño de las instituciones para verificar su trascendencia. Si en la prensa y en los cuatro principales componentes de esta Memoria Anual figuran nuestros más graves problemas, cabe, entonces, preguntarse con angustia por qué estos males no se atacan con responsabilidad y profundidad, o bien, por qué los diputados acogen este valioso documento de estudio, análisis y rectificación con tanto desdén.

Pero, no solo imperan el desdén y la abulia, sino que los más despiadados ataques contra la Contraloría provienen de las bancadas de la Asamblea Legislativa, que es precisamente, por imperativo constitucional, su brazo derecho. Este vacío legislativo, esta persecución política y la falta de estudio de este valioso documento, como punto de partida para recomponer el Estado, constituye, como dijimos, el más grande escándalo político del país.

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En estos días me he dedicado a leerla. Pueden imaginarse mi estado de ánimo ante tanta falsedad entre lo que se proclama y lo que se realiza.

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