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Actualizado el 06 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Entre diversos actos de variados géneros que han tenido asiento en nuestro país en estos meses destaco tres: los Juegos Deportivos Centroamericanos, la sesión legislativa del 1.° de mayo y la visita del presidente Obama. Hubo otros, pero estos son suficientes por un motivo principal: el realce que dieron a nuestro país por el respeto, el decoro y la exaltación de los valores patrios. Gobierno y pueblo se comportaron con dignidad, orden y cultura.

En estos actos no podían faltar los de siempre: un grupo mínimo de pachucos y delincuentes, mezclados con profesionales, que, al son de consignas extremistas y antipatrióticas, pretendieron llamar la atención entreverados en el desfile, ordenado, de los trabajadores. Sin embargo, exageraron la nota, al exaltar la violencia y los anuncios de acometidas peores en el futuro contra las personas y la institucionalidad. Gobernar es prever. Uno de los tesoros del patrimonio nacional es conservar y enriquecer el legado de nuestros mayores, ese sabor campesino, espontáneo y todavía igualitario de nuestro pueblo, que por nada del mundo debemos perder, en aras del esnobismo, el materialismo o la corrupción.

La visita de Obama congregó a los presidentes de Centroamérica y algunos del Caribe y sirvió para lanzar proyectos en común, a los que debemos darles continuidad. Ojalá el Gobierno de Costa Rica tome esta bandera de trabajo y unidad. Su condición de sede de este encuentro lo obliga moral y políticamente. Además, tras varios años de pesimismo y desencuentros internos, esta cumbre sirvió para plasmar y exhibir, una vez más, los valores propios de nuestro pueblo, que evocó y robusteció la canción Soy tico, de Carlos Guzmán, interpretada por el Coro de Niños del Instituto de la Música, frente a nuestra presidenta y el presidente Obama.

¿Qué nos queda de esta visita y del comportamiento del pueblo de Costa Rica? Primero, la afirmación de un pueblo pletórico de virtudes y valores para dar el salto hacia más altas cumbres; segundo, el regocijo de observar el desempeño de nuestra presidenta, Laura Chinchilla, en todos los actos y discursos, con palabra digna de una estadista y dominio pleno de los temas, y, en tercer lugar, el papel primordial que ambos mandatarios le otorgaron, entre otras cuestiones, a la educación y cuidado preferente de los niños desde su nacimiento, como la mejor estrategia para salvar y dignificar a la humanidad.

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Cuando la política internacional y nacional adoptan estos conceptos básicos en una cumbre, en Costa Rica, y se propone realizarlos, en verdad algo ha comenzado a cambiar. Corresponde ahora a nosotros recoger estas banderas.

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