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Actualizado el 26 de abril de 2013 a las 12:00 am

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En estos días elaboré, periódicos en mano, una lista sobre diversos temas idóneos para convertirse en insumos apropiados para una columna. Esta lista no difería de la trazada en cualquier día del año. Los hechos, como sabemos, necios y testarudos, desbordan siempre el ansia y la necesidad de escribir. Escribir, como hablar, es comunicarse, esto es, hacer común algo.

Pues bien, en ese inventario o repertorio había de todo y para todos los gustos, en particular para mí, encargado de redactar esta columna, lo que supone, en ese trance, escoger y decidir. ¿Escoger y decidir qué? ¿Sobre la visita del presidente Obama, sobre la traída y llevada concesión de la carretera a San Ramón, o sobre cualquier otra pues lo mismo da, sobre la situación de Siria, sobre el rudo golpe del Bayern Múnich contra el Barcelona, sobre los mensajes del papa Francisco, sobre las pensiones de la CCSS, sobre el regreso de Iron Man, sobre el fiasco del Gobierno de Nicaragua con el río Colorado, sobre'

Hice, entonces, lo que siempre hago. ¿Qué puede interesarles a los lectores este lunes (hoy) en este naufragio de noticias? ¿Qué comentario puede llamarles la atención, si este columnista tiene tan poco que ofrecer? Una columna no deja de ser, por su responsabilidad y por el decoro del periódico, un acto de ética, como lo es la sola selección del tema y su redacción. En ello va la cultura del comentarista, sus propósitos cívicos, su propia visión del mundo o de la realidad, quizá sus intereses, sus preferencias y hasta sus enconos'

En mi caso, en esta situación concreta, una noticia me llamó la atención no por su magnitud o por la preocupación que suscita, sino por todo lo contrario: por la forma desinteresada como la gente la lee o la asume, si es que toma conciencia de ella. La noticia estaba ahí, en un recodo de página, innominada y genérica, como para que nadie reparara en ella. ¿De qué trata? De la decisión de dos menores de edad de 16 años y un adulto de 18, detenidos por el OIJ por prenderle fuego a un indigente, tras rociarlo con un líquido inflamable, de apellido Ceciliano, de 44 años, tendido en la vía pública, envuelto en una cobija y sometido luego por sus quemaduras a la atención del San Juan de Dios. El hecho ocurrió en horas de la madrugada en San Sebastián. La Policía apresó a los culpables, mientras iban por la vía pública entre risas y bromas. Como si nada.

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Así es, como si nada. Se ha convertido en moda o diversión como otros tipos en la cultura de la muerte. Su nombre se llama indiferencia. Esta es la diferencia entre ayer y hoy. Lo mismo da que sean ancianos, niños, recién nacidos o recién concebidos. Cuanto más indefensos, más fácil y mejor. ¿Cuál es nuestro lugar en esta escala de inhumanidad?

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