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Actualizado el 17 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Leyendo esta semana El Financiero , me detuve en este titular: “En el país cuesta pagar impuestos. Costa Rica aparece en el lugar 125 en el ranquin mundial de Pricewaterhouse Coopers”. “Pagar impuestos en Costa Rica es una cruzada cansada”.

Voy a traducir al orden legal y moral esta noticia. Así titulan nuestros periódicos y así se expresan nuestros gobernantes y políticos sobre el no pago de los impuestos, mas lo cierto no es que sea “difícil” pagar los impuestos, sino que, en esta materia sobresaliente, somos un pueblo de ladrones. Así de simple.

Si una persona física o jurídica no paga sus deudas u obligaciones con el Estado o con otras personas, pudiendo hacerlo, no puede aducir que le ha sido “difícil”, sino que no le ha dado la gana, o bien, que esta obligación no forma parte de sus valores legales y morales esenciales. No hay, pues, diferencia entre quien le arrebata a otro un bien material y quien no cancela sus obligaciones. Más bien, el segundo es más culpable que el primero, por cuanto le infiere un daño a la sociedad, que subsiste con los recursos de los ciudadanos. Como ciudadanos, estamos obligados a votar, aunque sea en blanco, y a pagar los impuestos. Estamos, pues, ante dos monumentos nacionales: uno a la hipocresía o cinismo de quienes no pagan y el otro a la injusticia social, pues las víctimas de este incumplimiento generalizado son los pobres.

Costa Rica ocupa el lugar 125 en incumplimiento en el ranquin mundial y el segundo en Centroamérica (Guatemala figura en el 124). Por cierto, los países árabes son los más destacados. Y no podía faltar un dato penoso: una empresa requiere, en Costa Rica, según el estudio de PWC, un promedio de 226 horas al año (18 horas por mes) para cumplir todas sus obligaciones impositivas.

Es decir, el Estado, la política y las leyes constituyen un obstáculo. Todo favorece a los que no pagan. “Los arreglos de pago son rígidos y las normas, inflexibles”. La legislación es “oscura y engorrosa”. El impuesto de ventas “se paga a medias, pues no grava la parte más dinámica de la economía, un impuesto de renta basa en renta territorial y el esquema de imposición celular, deja rentas sin gravar como las ganancias de capital”, “se han votado en los últimos 10 años en primer debate dos reformas amplias al sistema tributario, pero no han logrado recibir el segundo debate porque encallaron en la Sala IV'”. ¿Para qué más?

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En fin, he aquí, en síntesis, el principal tumor nacional, compadrazgo escandaloso entre el Estado y la política, que alcahuetea, y la otra parte del país, que no ve ni oye. ¿Qué ha significado, entonces, en Costa Rica gobernar?

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