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Actualizado el 03 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Hay noticias o comentarios en la prensa que causan satisfacción por su contenido o por el bien que pueden acarrear. Los hay también que duelen por lo contrario. Esta es una de ellas.

En una página de La Nación el periodista Carlos Arguedas C. nos acuñó anteayer una serie de noticias que han quedado sin respuesta. ¿Alcahuetería, irresponsabilidad, injusticia, cinismo, ignorancia? Cualquier calificativo negativo encaja y duele por la sencilla razón de que, a estas horas de nuestro desarrollo democrático, estos hechos no deberían ocurrir. Y si ocurren es porque hay una enfermedad en el tejido de nuestra democracia que, de no atacarla a fondo, con todas las fuerzas del espíritu, podría destruir lo que hasta hoy hemos construido.

La noticia dice así: “Jueces señalan a Fiscalía fallas que se traen abajo casos de peso. Descuido básicos salieron a la vista en ICE-Alcatel, Caja-Fischel y otros. Sentencias de los jueces hablan de que acusaciones han sido raquíticas y contradictorias”. Es decir, no estamos frente a casos judiciales de escasa monta, sino ante escándalos monumentales, que, en su hora, conmovieron a la opinión pública y que aún hoy están clavados en la conciencia nacional.

Dejemos a un lado 13 expedientes judiciales, de los 15 estudiados, y reparemos en dos: ICE-Alcatel y Caja-Fischel. En el caso Caja-Fischel, los magistrados, al anular la llamada “prueba Panamá”, expresaron lo siguiente sobre el proceder de dos fiscales “que no se tomaron el mínimo tiempo para hacer correctamente la solicitud ante la autoridad jurisdiccional”: “La posibilidad de agilizar procedimientos no se puede convertir en una carta abierta a la arbitrariedad, prepotencia e irrespeto de las garantías constitucionales y al orden interno vigente”.

Sobre el caso ICE-Alcatel, los magistrados dijeron: “El Ministerio Público solicitó tardíamente la aplicación de las normas previstas para el llamado procedimiento para asuntos de tramitación compleja'” Este caso se anuló por prescripción y porque no se admitió la prueba traída de Panamá. En ambos juicios las dos figuras centrales eran expresidentes de la República, que, una vez conocido el informe de los magistrados sobre la Fiscalía, cantaron victoria, mientras el pueblo sigue preguntando, adolorido, ¿por qué?

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¿Por qué, en nuestra patria, ocurren estos actos monstruosos? ¿Quiénes fueron los responsables? ¿Por qué se atribuyen estos horrores judiciales, precisamente estos, “al exceso de trabajo y a la inexperiencia, a la preparación incipiente y a la celeridad de las investigaciones, a las presiones y a la falta de rigor o de recursos?”. ¿Por qué?

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