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Actualizado el 18 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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No recuerdo frases tan severas y comprometedoras como las expresadas por la presidenta de la República, Laura Chinchilla, sobre la reanudación de la ruta 1856, la trocha, el cordón fronterizo, o como se quiera llamar, en la frontera con Nicaragua. Si la fuerza de las palabras corresponde a la eficacia de la acción, vamos a tener una carretera de primer orden y, sobre todo, nos vamos a lavar la cara' las extremidades, el honor y la conciencia.

¿Por qué? No solo por la palabra empeñada, sino porque, en verdad, en esta carretera lo hemos empeñado todo: la respuesta cabal a los ultrajes y agresiones del Gobierno de Nicaragua, su trasfondo histórico, la publicidad del compromiso y la capacidad gubernamental, máxime si esta vía tiene como objetivo, según advirtió nuestra presidenta, no la terminación de una trocha, sino el desarrollo de la frontera, escenario de tantos pasajes de nuestra vida nacional. Además, el Gobierno ha dado su palabra de que esta obra se concluirá antes del término del actual mandato presidencial.

Otra razón para cumplir: eso que antes se llamaba honor o verguenza por “la pelada” que nos hemos dado ante propios y extraños, y por el descrédito que este soberano desmadre vial les ha causado al país y a nuestros profesionales, sobre todo, a quienes, de manera directa o indirecta, participaron en esta Babel de sinrazones y de contradicciones. La historia de la trocha ha de servir de un curso ejemplar, político y académico, sobre cómo no se hacen las cosas en el Estado y fuera de este.

Hay planes por 146.000 millones de colones para la construcción de este cordón limítrofe o, mejor, para el desarrollo de la frontera norte, cuyos ejes serán la electrificación, la infraestructura, los acueductos y la seguridad en más de 160 kms. con la participación de 11 instituciones, con el propósito de mejorar la calidad de vida de los habitantes, desde La Cruz, en Guanacaste, hasta la última esquina de la isla Calero, en el cantón de Pococí, en Limón, objeto de la rapiña y desverguenza de Daniel Ortega y de su esposa, y del comandante Cero, un ser innominado'

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La presidenta Chinchilla dijo el viernes pasado: “No habrá ningún obstáculo que se interponga entre la voluntad política de seguir adelante esta obra y la posibilidad de concretarla. De eso estoy convencida: ni corruptos ni traidores ni enemigos de la patria van a hacer que el Gobierno desista de seguir adelante”. Y no solo de seguir adelante, sino de concluir una obra social, técnica e integral, orgullo de este Gobierno y de Costa Rica. No juguemos con las palabras. Si la llamamos Ruta 1856, esencia de nuestra historia, no podemos fallar' En ello va nuestro honor.

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